Un cuento de invierno

    ★★★✩✩

    La magia que encierran esos pequeños relatos cargados de imaginación que son los cuentos, permiten al narrador de historias romper las barreras de la realidad para crear universos donde la única frontera es el infinito del subconsciente. Akiva Goldsman, narrador de historias de reputada filmografía en el séptimo arte, y con algún que otro descalabro argumental en su haber, ha decidido en esta ocasión añadir a su labor de compositor de letras, la de creador de imágenes. Con un relato basado en la novela homónima de Mark Helprin, Goldsman inicia su incursión tras las cámaras con pies de plomo y temor a dar pasos en falso.

    Por desgracia, ese fantástico mundo de los cuentos, no suele ser susceptible a esa necesidad de corrección formal. Las fábulas, exigen el uso de todo el potencial creativo del creador. Poner sobre la mesa recursos narrativos inverosímiles que se entremezclen en hermosa danza con los matices de nuestra realidad. Es por eso, que “Cuento de invierno”, parece zozobrar en su camino por encontrar el tono de su historia. Goldsman no se atreve a dejar volar a la fantasía, y busca desesperadamente atarla a la realidad con algunas pinceladas de falsa cordura que restan verosimilitud al relato. Esta preciosa fábula, pide a gritos que la dejen volar directa al corazón de los espectadores, sin embargo, la capacidad narrativa de Goldsman tras las cámaras, corta las alas a un cuento que languidece en el temor a soñar.

    Porque tras los avatares del destino que persiguen a los protagonistas de la historia, se esconde un hermoso relato, cargado de esperanza, que retoma una vez más, la eterna lucha del bien y el mal, concediendo al amor ese poder redentor que, a un servidor, tanto le hace confiar en el ser humano. Lejos de las interpretaciones pseudoexistenciales o religiosas de cada uno, la base de este cuento, es un precioso canto a la vida y a la muerte, que sin embargo, se presenta en la pantalla dibujado con trazos demasiado gruesos para la delicadeza de su mensaje. Goldsman, parece no confiar en sus propias capacidades y retiene el relato en un punto dramático que no le permite llegar a los caminos de la fantasía, algo que la cinta pide a gritos. Estancada en ese punto, el resto de elementos de la película parecen oscurecer, a excepción de la preciosa banda sonora de Hans Zimmer, sin duda, lo mejor de la obra: las interpretaciones necesitan más alma, los personajes más matices, las escenas más pasión.

    “Cuento de invierno”, es por tanto una de esas historias que siempre dejarán con la duda de qué podrían haber llegado a ser en manos de un director más arriesgado o con las hechuras de un gran cuentacuentos. De momento, lo que nos encontramos, es una película de precioso mensaje, con una historia delicada, pero coartada en sus ganas de alojarse en los corazones de los espectadores.

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