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Tomb Raider Las aventuras de Lara Croft

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Tras el lanzamiento de una nueva edición del muy popular videojuego realizado en 2013, se pensó que era un buen momento para relanzar una saga cinematográfica que entregó dos mediocres películas que alcanzaron cierta notoriedad al ser protagonizadas por la superestrella Angelina Jolie en la cúspide de su fama, pero que se mantuvo en la baja línea de las películas adaptadas de videojuegos.

Ahora para este relanzamiento se ha puesto en la silla de director al noruego Roar Uthaug, realizador de la muy interesante ‘La ola’, y en el rol principal ahora se convocó a una actriz con prestigio y ganadora de un Oscar, Alicia Vikander, quien se pone en la piel de Lara Crof y entrega a un personaje menos sensual, más vulnerable y con algunos pocos más matices, en una película desequilibrada, con pocas escenas de acción y que se preocupa demasiado en duplicar los planos vistos en el videojuego, seguramente con la intención de conseguir el apoyo de los fanáticos.

Ambientada en la época actual, Lara Croft es una chica que trabaja como mensajera en bicicleta y que además practica artes marciales, las cuales apenas puede pagar tras varios años de pasar dificultades económicas, hasta que por fin se decide a firmar los papeles que la acreditan como la heredera de Richard (Dominic West), su padre, confirmando al mismo tiempo su posible muerte tras llevar varios años desaparecido.

Esto la llevará a descubrir el desconocido mundo en el que se movía su padre, al encontrar papeles con una gran información respecto a investigaciones que él había realizado y le obsesionaban, lo que lleva a Lara a tomar la decisión en ir tras la huella de su padre y descubrir de una vez el misterio de su desaparición.

Para ello Lara deberá viajar a una isla supuestamente desierta y lejana y es aquí donde recién la historia se pone en movimiento, el problema es que para entonces han pasado cerca de 40 minutos de los 120 que componen el metraje final, por lo que esa acción dilatada le resta bastante a una película que supone ser de aventuras, pero que tiene muchas lagunas que llegan a aburrir, pero poniéndose apenas un escalón por encima de las anteriores películas.

Entonces sucederán algunas secuencias con algo de emoción, con una Alicia Vikander que pone el cuerpo para sacar adelante a un personaje con no mucha tela de donde cortar, intentando dotarlo de matices, mostrándola en general más humana y es ahí donde está película encuentra su mayor virtud, la cual se diluye entre secuencias de acción que se prolongan de más, carentes de ritmo y emoción, reconfirmando que los videojuegos y el cine siguen sin poder encontrar una óptima complicidad.

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