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The Boys: La Sociedad del Instinto de Conservación, para patear el trasero de los superhéroes

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Dentro de las propuestas que en el mundo de las viñetas han buscado un acercamiento indirecto a los superhéroes, es decir a través de aventuras en donde estos no lleven el protagonismo total y así replantear el concepto, una de las más interesantes y llamativas fue The Boys, que se distinguía de otras decantaciones similares -dígase Jupiter Legacy y Marvels-, por lo transgresor de su trama, que estaba sustentada en un discurso crítico político -no del todo claro por momentos, pero siempre ácido y provocador-, salpicado de lenguaje soez, sexo y una buena cantidad de violencia explícita.

Teniendo como punto de partida lo que podrían ser los daños colaterales de las irresponsables acciones de sujetos con superpoderes en una sociedad real, la obra del célebre Garth Ennis, no solo se trató de una exploración del lado más depravado y corrupto de los mismos, sino de la exitosa presentación de los sujetos encargados de meterles en cintura, quienes a la larga habrían de convertirse en uno de los más irreverentes y populares grupos de “pateatraseros”. Y es que aunque de inicio, muy poco se sabía de su pasado y de sus motivaciones, todos tenían el carisma suficiente para mantener enganchado al lector, al menos durante los primeros arcos arguméntales, sin embargo el misterio tenia que ser revelado.

Llegó entonces La Sociedad del instinto de conservación, saga que representó uno de los momentos más disparatados y excesivos, pero al mismo tiempo más disfrutables de la franquicia. En ella, mientras el circo mediático seguía su curso, acabando con la poca dignidad que quedaba entre los llamados “supers”, quienes comenzaban a reaccionar con mayor brutalidad y desesperación, al ver amenazado su estilo de vida y sentirse acorralados por The Boys; fuimos conociendo la historia de los integrantes de este peculiar equipo. El conveniente hilo conductor y principal detonador, fue el momento de duda por el qué pasaba uno de ellos, quizás el del perfil mas cercano al ciudadano común, y del que por cierto ya nos habían revelado que su vida había quedado marcada por la tragedia, cuando uno de esos sujetos que vuelan y pelean sin control usando trajes extravagantes, fue arrojado contra a su amada, que literalmente quedó embarrado contra la pared. Es precisamente en ese mismo tono de despiadada ironía, que se van desarrollando lo que podrían ser solo otro puñado de historias de origen -incluyendo un escatológico caso de transformaciones relacionado con experimentos e intransigencia, y otro mas sobre una tragicómica venganza con una mortal batalla entre sujetos en bicicleta que usan baggets-, si no fuera por que nunca se toman demasiado en serio y apuestan por la autoparodia para encontrar un alto grado de humanidad e hilarante patetismo, sobre un discurso crítico e inteligente, sin perder nunca la vocación de entretenimiento que le otorga un irresistible espíritu comiquero.

El arte, cómo es usual cuando se cuenta con la participación de diversos artistas –Derrick Robertson, Carlos Ezquerra, Keith Burns y John McCrea– es un tanto irregular en el trazo y los detalles, pero siempre resulta muy dinámico y entrega momentos de sangrienta espectacularidad. Originalmente, The Boys: La Sociedad del Instinto de Conservación, fue publicado en formato de grapa, pero ahora es traído a México por Panini Cómics en un solo tomo de pasta dura que resulta de verdadera colección.