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Star Wars Lazos de Sangre: un cuento de Jango y Boba Fett

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La naturaleza de este personaje, que se hiciera sumamente popular a pesar de que la primera vez que apareció fue solo durante unos cuantos minutos en la película Star Wars Episodio V: El Imperio Contraataca -sin contar el especial previo de 1978-, es lo que le convierte en un punto de partida irresistible para cualquier creativo que quiera darse vuelo aprovechando las múltiples posibilidades y grandes libertades que ofrece, a la hora de internarse en el universo creado por George Lucas. Alrededor de su figura se han elaborado una enorme cantidad de propuestas pertenecientes al mundo de los cómics, la mayoría de ellas enfocadas más en la aventura y con muy buenos resultados, pero dejando un tanto de lado los entresijos que guarda su misteriosa personalidad, algo que afortunadamente aquí no sucede. Y es que el guionista Tom Taylor toma como un poco convencional punto de partida, la existencia del descendiente natural de un clon desertor, es decir un joven nacido sin la intervención de las avanzadas técnicas de los laboratorios del planeta Kamino; para hurgar en las motivaciones de quien sí es resultado de las mismas, el legendario Boba, confrontándolo con las dilemas morales que esto puede generar y cuestionando sus objetivos, que luego se verán reforzados de forma inesperada.

Conforme avanza, la historia parece truculenta en exceso, y lo es en cierto sentido, pero esto se equilibra gracias a la austeridad de los diálogos, lo directo de las situaciones y la contundencia del resultado. Cómo es costumbre, el pasaje no se abstiene de explorar el entrenamiento que el legendario cazarrecompensas mandaloriano recibió de parte de Jango, quien le crió como su hijo -además de que fue el modelo para la elaboración del ejército de clones de la antigua República-, y aunque es un recurso efectivo como presentación, además de que sirve para determinar el tono del concepto, también resulta algo repetitivo.

Por otro lado, es cierto que por momentos se despreocupa de solucionar con claridad algunas de las complicaciones que enfrentan y el desarrollo llega a ser un tanto anticlimático, pero el énfasis en el contraste que se da entre lo complejo de las circunstancias y descubrimientos, la crudeza de algunos de los actos del protagonista, y la frialdad de sus reacciones; es sugerente y sostienen el gancho de la lectura. Todo por supuesto va aderezado con leves toques de ironía, la breve aparición de algunos personajes conocidos, además de contadas y bien seleccionadas referencias a la saga. El arte tipo acuarela de Chris Scalf, con tendencia al hiperealismo, pese a tropiezos mínimos en las dimensiones, ofrece atractivos escenarios fotorealistas de acabados levemente difuminados y efectos de luz, en secuencias de armados simples con espectaculares viñetas a página completa. Son muy disfrutables tanto los diseños de los personajes basados en la apariencia que tienen los actores en las precuelas fílmicas, como las atmósferas que remiten de inmediato a escenas específicas de la trilogía original.

Ubicada 19 años antes de la legendaria Batalla de Yavin, Star Wars Lazos de Sangre: Una Aventura de Jango y Boba Fett se publicó en formato de miniserie y hoy es traída a México por Editorial Panini, bajo la denominación de Legends -línea que engloba las historias fuera del canon, convertidas en una especie de mitos-, vía un solo tomo de pasta dura que en el lomo lleva parte de una genial ilustración, que se completa al tener la colección completa, integrada por 30 fascículos que reúnen cuarenta años de cómics. Por si fuera poco, incluye interesantes textos sobre las diferentes líneas que la franquicia ha seguido en el mundo de las viñetas y la trayectoria de los autores.

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The Umbrella Academy llega a Netflix, pero hablemos del cómic

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Cuando el líder de la banda My Chemical Romance anunció que publicaría un cómic de su autoría, muchos pensaron que solo se trataba de un capricho adolescente que ahora pretendía hacer realidad, sin embargo, no podían haber estado más equivocados. Y es que aunque Gerard Way se apunta en la línea de las populares propuestas de superhéroes juveniles, decide apostar más por el drama que por la aventura, para desarrollar un entramado familiar lleno de secretos, y entregar no solo una obra sumamente personal, sino inteligente y con identidad. Cada una de las secuencias en las que se va presentando con cautela las líneas arguméntales, esta impregnada de un tufo de resentimiento, resultado de algo que se da por entendido y que salió realmente mal. Los protagonistas son un malogrado grupo de metahumanos, seleccionados y entrenados desde bebés, por un filántropo benefactor que esconde un peculiar secreto, con el afán de salvar a la tierra de una terrible amenaza. Pero en el transcurso del plan a largo plazo, la tragedia los alcanza, uno de ellos muere y viene la inevitable separación del equipo.

La historia es truculenta, llena de intrigas, secretos, traiciones y culpa, pero lo mejor es que coquetea muy poco con el espectador y prefiere intrigarlo, para engancharlo con personajes que por encima de su naturaleza súper heroica, están marcados por errores propios y ajenos, son seductores, pero melancólicos y burlones, con mentalidades enfermizas -uno al estilo Space Opera, otro con reminiscencias al cine silente, uno más tremendamente histriónico-, y que a pesar que de forma inevitable están en el camino hacia una redención, ésta no asegura consuelo alguno.

En cuanto al apartado visual, perpetrado por Gabriel Ba, es una especie de cartoon enrarecido, con juegos de sombras al estilo de Mike Mignola, que enfatiza la extravagancia del concepto, sin diluir en lo más mínimo lo cruento y retorcido de las situaciones. Publicada originalmente por Dark Horse, The Umbrella Academy es traída a México por Editorial Kamite en formato de miniserie y en tomos recopilatorios, lo cual le hace ideal para aquellos que no quieren engancharse con historias interminables, aunque es un hecho que después de leer las primeras páginas, no resistirán a llegar hasta el final.

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