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Restos de viento: el duelo como maestro

Cine Mexicano

Restos de viento: el duelo como maestro

Por Ana Lucía Altamirano

Hace once años la directora Jimena Montemayor se topó con una anécdota que dio vueltas en su cabeza y que, tras una pérdida personal, se fue transformando en una reflexión de duelos que dio origen al guión de la película Restos de Viento que hoy llega a la pantalla grande con la intención de provocar los sentimientos y, de una manera sútilmente bella, encararnos con diversos modos de aprender a vivir la ausencia.

“Quería hablar de esta familia que pierde al padre; de esta madre deprimida que les dice a los niños que va a regresar y el niño cree que el papá va a volver como un muerto viviente; estaba también este personaje del indio como guía”, señala la cineasta al hablar de los elementos originales con los que inició la construcción de la historia, que definitivamente va más allá: “Quería hablar de estos niños guerreros que sobrepasan episodios difíciles y que se vuelven adultos muy bellos”, afirmó en entrevista para Yourocket.

Y es que este filme ambientado en una época que no es la actual y que nos recuerda un pasado nostálgico, replica la mirada infantil a través de los personajes de Ana y Daniel interpretados con gran tino por Paulina Gil y Diego Aguilar, quienes se hacen acompañar de una Dolores Fonzi desencajada en su papel de Carmen, una madre rota de tristeza por dentro y en búsqueda de salir de su desencanto.

Así, Jimena trabaja con un acierto que toca el corazón los detalles que se relatan en un guión que se adivina profundamente atmosférico y en donde se manifiesta la ausencia a través de los espacios de una casa que también es un personaje más, pero también con los silencios y la luz; aquella cálida que nos calentaba de niños y esa fría que nos acecha cuando los recuerdos duelen; todo esto en colaboración del ojo de la directora de fotografía María Secco.

El trabajo no fue sencillo, pues al contar con un elenco liderado por niños el trabajo con ellos fue arduo para lograr la disociación entre su propia personalidad y el del carácter del personaje, además de la relación con Dolores y el mantener la paz en el set ante impulsos infantiles como peleas o cansancio, además de risas y corretizas. Pero el resultado valió la pena y el sello que la protagonista argentina brindó al proyecto, así como la paciencia de todo el equipo, generó lo que ahora vemos en pantalla como un filme entrañable.

Pero además de la visión infantil ante la pérdida, la película también se enfoca en el contraste del mundo adulto, creando universos fantásticos y casi mágicos de la imaginación de los niños y chocando con la soledad de la madre, dando espacio al espectador para respirar y voltear un poco a su interior.

“Creo que unos de los objetivos que tiene la película es hacerte sentir y reflexionar sobre la vida porque todos vamos a morir y a todos se nos va a morir alguien y creo que no estamos preparados, no sabemos como hablar de esos temas o creemos que va a ser de una manera o sólo cuando estemos viejos y no es así. Se trata de poder relacionarte con la muerte y saber que es real y que va a suceder y puedes tener una vida más plena o más consciente al saber que es parte de la vida; puedes entregarte más y estar más aquí, en el presente sin dar por hecho todo. No es una reflexión fácil. Es, ademas una película que te puede recordar cosas y saber qué es lo que te pasa a ti cuando le pasa al otro”, concluyó Montemayor.

Luego de su paso por el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el Festival Internacional de Cine de Guanajuato y el Atlanta International Film Festival, Restos de viento se estrena este viernes 29 de marzo en diversos estados de la república dentro de un circuito cultural.

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