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Review: Ready Player One, la estafeta para la nueva generación geek

Publicado

en

Warner Bros. Pictures Latinoamérica

La novela de Ernest Cline es una carta de amor que apela a la nostalgia, a ese tiempo dónde no estábamos tan conectados con personas tan lejanas y tan ausentes para nuestras propias familias y amigos. Un tiempo en el que ser un geek era más enajenante de lo que ahora es y había necesidad de negarlo para evitar a los bullies de la escuela. Justo apela a ese mundo en el que brotaban, al parecer las primeras ideas más geniales que conquistaron a varias generaciones hasta la fecha. Ahora Steven Spielberg regresa dirigiendo la adaptación de este libro y lo hace de una manera en la que no sólo apela a la nostalgia sino a toda la cultura popular del que ha formado parte y que además viene con un tenor nuevo.

Wade Watts es un joven marginado que vive en el gran sueño dentro del sistema de Inmersión Sensorial Ontológica Antropocéntrica (mejor conocido como OASIS por sus siglas en inglés), que en algún momento comenzó como un simple sistema de inmersión virtual para videojuegos creado por James Halliday, un excéntrico diseñador de videojuegos que tuvo una visión que se transformó en una parte importante del desarrollo de la sociedad humana, así como su más intenso placebo, un mundo colorido y de infinitas posibilidades, que contrastaba con el decadente mundo real, dónde la crisis energética sumió al mundo en una depresión como la que nunca se imaginó.

Wade ante su cruda realidad se aferró a OASIS y se apasionó por la personalidad de su creador, al mismo tiempo motivado por la búsqueda del tesoro perdido de Halliday, quién tras su muerte comparte su última voluntad con todos los jugadores, revelando que dentro de las infinitas dimensiones de OASIS se encontraba oculto un easter egg (huevo de pascua), y aquel usuario que diera con él se haría de su fortuna y del control total del sistema.

Todo pareciera muy divertido e inocente, pero OASIS se convirtió en el trabajo de muchas personas y también en una pieza importante de la economía del mundo. Es así como Wade, mejor conocido como “Parzival” (o “Zeta” entre sus amigos), se verá en una nueva carrera sin final en la búsqueda del éxito y no solo tendrá que competir con otros jugadores, sino con mercenarios bajo contrato, porque la cacería es tan ambiciosa que surgió la empresa IOI (Innovative Online Industries), dedicada enteramente a encontrar el tesoro de Halliday a cualquier precio.

En esta búsqueda no solo lleva ventaja el mejor jugador, sino también los que mejores recursos tengan para librar las batallas más encarnizadas y moverse entre los innumerables mundos de este universo virtual y Wade solo tiene conocimiento geek adquirido y el apoyo incondicional de sus amigos, sólo con eso tendrá que salir adelante en esta guerra por el control total.

La novela es un fantástico viaje de referencias, si es que llegas a captar la mayoría, actualmente ya tenemos Wikipedia y miles de fuentes más para aclarar nuestras dudas o consultar algo que nunca vimos en su momento, pero no cobran el mismo significado para el lector si es que no las obtuvo de rebote en alguna parte de su vida, aunque no haya vivido intensamente los últimos años de la década de los 70 y sobre todo los 80. Por suerte en México, como en otras partes del mundo, llegaban los productos pop con un considerable delay, así que entre los millenials se popularizaron series, películas, cómics y música saltando una o dos generaciones adelante. En realidad, por eso es que Ready Player One es una obra tan popular.

En la segunda visita al impreso de Cline, más de uno se dará cuenta de que está plagado de referencias que no ayudan a la trama más que a remachar el hecho de que es un libro de nicho. Al hablarnos de una sociedad más allá de nuestro futuro donde el conocimiento vintage de las memorias de Halliday se adquiere más por necesidad que por empatía, las referencias y los datos plasmados adquieren una personalidad única de adorno cool, como ocurre actualmente con playeras de Nirvana o de The Ramones, que visten sin problema los fans de la música de banda o reggaetón en nuestro país, porque ya son tan comunes y se impregnaron nuestro entorno cotidiano que se convirtieron en símbolos que puedes portar sin comprenderlos en lo absoluto.

Es en ese momento dónde entra la magia de Spielberg y la adaptación de Zak Penn, que hacen más digerible la obra eliminando toda esa información que podría alienar a los nuevos espectadores a los que sólo les llegará la película de RPO.

A nivel visual la película está aderezada con miles de elementos propios de la cultura pop. Al escuchar el anuncio de la adaptación a la pantalla grande, muchos fans apostaban que sería el espectáculo más impresionante que jamás se pudiera apreciar en el cine, porque sería una obra de culto autorreferencial como ningún otro lo ha sido, sin mencionar la cantidad de personajes y franquicias de cómics que se mencionan y que deberían lucir majestuosos a estas alturas del partido con toda la tecnología al alcance de la industria.

Sin embargo, en Hollywood no son tontos y solo se gastó lo necesario para mantener el espíritu épico de RPO y algo que podrá notar el gamer más dedicado, es que los cameos de videojuegos más vistosos son de propiedades nuevas, señalando por ejemplo a las franquicias de Blizzard, que ha cobrado un nuevo valor para los gamers de consola que apenas descubren la razón de la fascinación de los PC Gamers con sus juegos.

También se aligero mucho el ambiente de enclaustramiento del mundo en el que vive Wade, en ese aspecto se optó por promover una imagen más positiva de los dispositivos de inmersión virtual, porque en todas las obras ya sea de anime, cortometrajes, novelas, etc. siempre se nos pinta la posibilidad de que para disfrutar de algo inmersivo tendríamos que ser más sedentarios para que los dispositivos hicieran su magia, incluso en algunas obras estaba esta propuesta de que engordaríamos como en la cinta de Wall-E, perdiendo motricidad y en algunos casos viviríamos siempre con un pañal puesto y una sonda que se encargara de darnos los nutrientes necesarios para seguir conectados. Grotesco ¿verdad?

En cambio, se nos intercambia esta postura absurda por otro absurdo a la altura, que es ver personas conectados en la calle, en sus oficinas o en sus salas, brincando, corriendo y saltando mientras mantienen un conflicto masivo para salvar su mundo virtual. Fue muy pintoresco, pero si hemos leído los terribles casos de accidentes causados por jugar cosas como Pokemon Go o en el nivel más cotidiano, los atropellamientos de personas que van revisando su celular mientras cruzan una calle, sabemos que esa idea no es para nada práctica.

Y es curioso porque la invitación para que los gamers y la población en general aprecie más su mundo real que el virtual se mantiene hasta el final de la película y Spielberg hace lo que mejor supo hacer cuando construyó los mejores productos de cultura pop: apelar al sentimentalismo y el valor de las relaciones humanas por sobre todas las cosas.

Considero que RPO es una película que nadie debe perderse, es amable para todo público e innovadora en su concepto, tiene un elemento para todos los fans, porque no les he mencionado la música, pero está de más mencionar que tiene una selección adecuada de canciones que a más de uno le recordará un buen momento de su juventud, o algún chick flick intenso como (500) Days of Summer, pero creo que ya mencioné mucho. No se la pierdan.

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