Philomena

    ★★★★★

    A través de un guión interesante que adapta el trabajo periodístico sobre hechos reales de uno de los dos personajes principales (Martin Sixmith), éste y Philomena Lee, en su recorrido para encontrar al hijo perdido de ella, no hacen sino reconstruir poco a poco a un personaje aparentemente secundario, apenas esbozado en imágenes del recuerdo o de archivo, que a pesar de los escasos minutos en pantalla termina siendo en esencia tan o más protagonista al menos que Martin: Anthony Lee. Porque ésta es una película de amor y búsqueda, un amor a destiempo, entre una madre y un hijo que apenas conoció pero que siempre tuvo arraigado en lo más hondo del alma.

    Historia humana y emotiva, donde incluso el interés en principio comercial del periodista termina viéndose afectado por el carácter de la anciana Philomena, por lo que ha pasado en toda una vida y cómo lo ha asumido con entereza, y le hacen que ni pueda ni sepa permanecer indiferente.

    Stephen Frears encauza el hilo argumental de modo pausado dentro de su estilo habitual, quizás algunas veces algo distante y rozando el límite de lo innecesario, pero sin decaer. Apoyándose sobre todo en su dirección de actores y en lo que es capaz de obtener de los mismos, fundamentalmente de una veterana Judi Dench que recrea a la protagonista demostrando estar a la altura de papeles de mérito en su carrera como el de “Iris” o “Diario de un escándalo”, ambas de Richard Eyre.

    La fuerza de la película está más que en su correcta puesta en escena en los propios hechos. Épocas de represión moral y religión omnipresente en la católica Irlanda, que sin duda labraron la forma de ser de Philomena, en contraste con un Martin escéptico, se mezclan con una personalidad bondadosa y llena de tesón que con el paso del tiempo ha encontrado el más profundo significado de una palabra que algunas veces empleamos por costumbre, otras evitamos o nos cuesta usar: el perdón. Porque asistimos a una narración que además de sobre las raíces del amor maternal trata en buena medida de cómo alcanzar la paz interior con el perdón: a uno mismo y a todos los que alguna vez nos han hecho daño.

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