Lucha Libre

Perro Aguayo: el adiós de un ídolo y fin de una época

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En un repleto Toreo de Cuatro Caminos, el 12 de septiembre de 1982, el Santo lleva a cabo su despedida en una lucha de relevos atómicos. Acompañado por figuras de la Época de Oro del pancracio nacional, Gori Guerrero (su eterno socio), Huracán Ramírez y el Solitario, el plateado enfrentó a los Misioneros de la muerte (Signo, Negro Navarro y el Texano) y al Perro Aguayo. La lucha no sólo fue la corona de una brillante carrera sino también el inicio de una nueva época, en la que gente como el Perro y sus ya mencionados socios serían fundamentales, así como el encordado del Toreo de Cuatro Caminos se convertiría en escenario de sus gestas heroicas. Originario de Nochistlán, Zacatecas (orgulloso de su origen «La marcha de Zacatecas» fue su rúbrica), Pedro Aguayo Damián (1946-2019) se convirtió en estandarte de la Lucha Libre mexicana durante dos décadas y protagonista de combates históricos más allá de nuestras fronteras.

«El can de Nochistlán», como lo bautizó el doctor Morales, siguió los pasos de Mil Máscaras y de manera recurrente viajó al Japón, donde  fue un ídolo. En México integró las filas de las empresas más importantes del momento, la otrora EMLL (hoy CMLL), la mítica UWA y la entonces bisoña AAA de la que fue pilar. Sin ser un esteta de los cuadriláteros, el Perro Aguayo (alumno del mítico Diablo Velasco) destacó por su fiereza y pundonor, pero también por su disciplina y amor a la profesión. Desde sus primeras incursiones en los años setenta en Guadalajara mostró sus ganas de trascender, incluso tuvo la osadía de retar al Santo (quién lo rapó), una década más tarde rivalizaría con el vástago de «el enmascarado de plata». En los ochenta «el Perro» sostuvo rivalidades épicas con Fishman (otro coloso de aquellos años) y Sangre Chicana. El zacatecano y «el pocho maldito» se enfrascaron en diversas batallas al límite de sus fuerzas, verdaderas carnicerías en la que Chicana perdió la greña.

Ya en los noventa, Aguayo rivalizó con los Dinamita, el primer episodio de la afrenta con los de Lagos de Moreno le llevó a un triangular ante Cien Caras y Konnan (otro de sus grandes adversarios), en la polémica batalla este último perdió la máscara a manos del zacatecano.  «El Perro», Octagón, Fuerza Guerrera y Konnan, encabezaron AAA, nuevo proyecto de Antonio Peña, en esta empresa persistió su rivalidad con los Dinamita y Konnan. Años más tarde en AAA, «el can» y Máscara Año 2000 concluyeron su rivalidad, la derrota del jalisciense dio a conocer el rostro de Jesús Reyes. En su retorno al CMLL revivió el conflicto con los Reyes, primero cobró viejas cuentas a Cien Caras, a quien rapó, pero la rivalidad llegó al clímax en un máscara vs cabellera ante Universo 2000, quién le lastimó severamente de las cervicales al aplicarle un martinete.

La lesión lo alejó de los encordados, aunque tuvo esporádicas apariciones para defender a su junior -como en la que los Perros raparon a Cien Caras y Máscara Año 2000- y presenciar homenajes como la merecida inducción al salón de la fama de AAA. Imposible abundar sobre una carrera de tres décadas, pero el Perrito tuvo importantes logros como el campeonato que creó WWF (WWE) para disputar entre sus empresas aliadas como UWA, y las cabelleras de gente de la talla de Karloff Lagarde, Ringo Mendoza, Texano y Negro Navarro. Tras la muerte de su hijo, Pedro Aguayo Damián decidió alejarse en definitiva del mundo de la lucha libre, con la tristeza a cuestas su condición de salud empeoró y el pasado 3 de julio falleció en Tala (Jalisco), ciudad que lo adoptó y le concedió una oportunidad para salir de la pobreza.

El hombre, generoso y humilde con sus compañeros de profesión, abandonó el mundo terrenal para dar paso a la leyenda, un gigante de los encordados recordado por su clásico sarape y las botas blancas de peluche, pero sobre todo por su legado luchístico, dos movimientos clásicos: la silla, un vistoso sentón desde la ceja del ring, y la lanza, la cual hoy ejecutan de manera espectacular estrellas como Rush y Pentágon.