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El tiempo compartido del paraíso falso

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Un tiempo compartido se refiere al pago adelantado del hospedaje en algún condominio turístico. En este caso todo  sucede en Everfields International, un grupo interesado solamente en ganar dinero, nunca se preocupan en el bienestar de los clientes, al contrario usan todas las herramientas necesarias para vender,  sin importar si es ilegal la manera de hacerlo.

La historia no es nada convencional, el guion no sigue estructuras establecidas, realmente no sabes lo que sucederá.
Visualmente me parece asombrosa, los planos largos,los movimientos suaves de cámara, la iluminación neón ayuda a retratar la falsedad del paraíso, la atmósfera hiperrealista y surrealista que logró el fotógrafo Matías Penachino, son increíbles, pues te hace sentir que estás viendo un sueño o un recuerdo y no sabes si es real o no, de igual  forma se puede percibir  la influencia de David Lynch en la obra.

La música también juega un papel fundamental en la narración, refuerza  la desesperación  de los personajes.

Las actuaciones me parecen muy buenas sobre todo los personajes de Andrés Almeida y Miguel Rodarte.
Pedro, interpretado por  Luis Gerardo Méndez, representa al trabajador actual: Cansado, enojado y harto de la vida que lleva, se siente su furia  con el sistema.
Me llama mucho la atención que el villano sea interpretado por un “Gringo”, me parece una metáfora ya que los estadounidenses siempre se meten en las decisiones de México, intentando manipular a los mexicanos únicamente para beneficiarse, es una burla  a está situación con un toque de humor negro.

Sin embargo el director lanza varias interrogantes a lo largo de toda la cinta y no las responde, dejando un final completamente abierto.

Es muy contemplativa por momentos y  por lo tanto no es para todo público.

 

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Milla: De la vida sin techo a la vida doméstica

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Milla (Severine Jonckeere) se instala ilegalmente junto a su novio Leo (Luc Chessel) en una casa abandonada cerca de una zona costera. Dejan la vida en el bosque para intentar encontrar lo que muchos vivimos sin darnos cuenta. Los vemos conversar y bromear a la luz de las velas mientras comen sándwiches de jamón y queso, y vuelven el lugar habitable poco a poco acumulando objetos domésticos sacados de la basura o robados. El sueño de algunos es simplemente vivir la normalidad.

La película de la francesa Valerie Massadian retrata los momentos mundanos de una joven mujer que busca la estabilidad con su pareja, quien consigue trabajo en un buque de pesca. En algún punto ella queda embarazada y ellos son felices. La directora no busca el melodrama, estamos lejos de una historia de tragedia a pesar que el mayor conflicto y giro en la trama es la accidental muerte de Leo.

Massadian resuelve esto de manera de manera sencilla sin aspavientos. En dos secuencias nos enteramos de la muerte de la pareja de Milla y de su nuevo trabajo como una mujer de intendencia en algún hotel y ya con un notorio embarazo. Allí hace una nueva amiga con quien compartirá estos momentos de la película, sin embargo, antes de profundizar más, nos encontramos con otro giro abrupto donde de un corte a otro ya vemos a la protagonista con su pequeño hijo Ethan en un pequeño pero cómodo departamento. La vida no la ha ignorado por completo.

La directora sugiere la tan anhelada estabilización de la protagonista. Durante esos momentos en el último acto la vemos feliz junto a su hijo, compartiendo las banalidades de la normalidad tal y como lo hacía con Leo al principio de la cinta. En la transición hacia la adultez los huecos ambiguos que deliberadamente deja Massadian, lo cual a algunos asombrará y a otros aburrirá. Qué más remedio, así es la vida.

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