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Pasión inocente

Pasión inocente

Una historia de adulterio entre un profesor de música casado y una estudiante.

Keith Reynolds (Guy Pearce) es un músico que tiene que conformarse con dar clases de piano en una escuela pública mientras continúa participando en audiciones para formar parte de la orquesta sinfónica de Nueva York como violonchelista. Mantiene una rutina cotidiana al lado de su tranquila esposa, Megan (Amy Ryan), y su extrovertida y sonriente hija, Lauren (Mackenzie Davis). Keith anhela con nostalgia su juventud bohemia, pero su vida predecible y sin sobresaltos de esposo responsable y padre cariñoso le otorgan estabilidad. Su esposa accede participar en un programa de intercambios estudiantiles para darle asilo a Sophie (Felicity Jones), una talentosa pianista proveniente de Londres. La joven despierta, en el músico melancólico, el carácter impulsivo que tanto había reprimido y se dispone a buscar nuevas experiencias, aunque éstas tengan trágicas consecuencias.

Pasión inocente mantiene ciertas relaciones con el film por el que Drake Doremus ganó en el festival de Sundance el gran premio de jurado: ambos son películas que recrean desde la cercanía, la vida íntima de dos personas que se unen; ambas cuentan con la misma actriz, Felicity Jones (ganadora del premio a mejor actriz en Sundance y genial también en Breathe In); ambas películas encuentran en la sutileza y la fragilidad de sus personajes el camino para guiar las emociones y los sentimientos; ambas complementan a la perfección la música con las imágenes, ambas tienen un final duro y frío, que hace justicia a todo lo que acabamos de ver…

La mayoría de la acción del film se desenvuelve en la casa de Keith, su esposa e hija; un espacio tétrico, grisáceo, sin futuro, casi sin presente. Los problemas económicos bastan de una escena para ser revelados, el cansancio y la rutina se ven en el rostro de Keith, en su soledad. En el momento en que una joven Sophie (Felicity Jones) aparece como estudiante de acogida, el ambiente sigue siendo el mismo, desolador, triste… pero una nueva mirada, una nueva presencia lo llena con algo diferente. En el momento en que Sophie toca su excelente pieza de piano en clases de Keith, él comienza a tener una nueva forma de verla, una atracción, ahora presente en su casa, en su espacio. Ella se ve en él, y da comprendido su constante ausencia de todo, como si su vida no fuera la que quería para sí mismo. Se miran y no hacen falta palabras. Un gesto basta para entenderse, para revelarlo todo, un simple dedo tocando las manos con las que ella hace tocar su piano. Drake Doremus retrata toda la situación del film de forma tan cercana, que es casi imposible dejar de lado los personajes. Los acompaña con los planos cerrados, casi siempre detallando sus mínimos gestos, miradas, movimientos. Ambos interrumpen de forma abrupta en la triste fragilidad de sus vidas, en su necesidad, en su ausencia, en su íntimo espacio personal. Un espacio que ambos comparten.

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