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Nightstream 2021: Cannon Arm and the Arcade Quest, jugar 100 horas seguidas un arcade es posible cuando se tienen buenos amigos

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Criticas Cine

Nightstream 2021: Cannon Arm and the Arcade Quest, jugar 100 horas seguidas un arcade es posible cuando se tienen buenos amigos

Antes de la competitividad online de videojuegos como Fornite, antes de los torneos de FIFA de EA Sports o del Mundial de League of Legends, los jugadores tenían que pasar horas y horas y muchas más horas frente a un arcade. La competencia siempre ha sido parte de los videojuegos. No solo por dinero, también hay algo de fama y reconocimiento detrás, de ver tu nombre en lo más alto de la lista de récords. Pero también hay casos como el de Kim Købke, mejor conocido como Kim Cannon Arm -apodo ganado durante su juventud debido a sus sobresalientes habilidades para las máquinas arcade– quien no quiere fama, ni reconocimiento y ni siquiera dinero, solo cumplir un propósito… hacer realidad un sueño: jugar ¡100 horas seguidas y con una sola moneda! el clásico arcade de Konami, Gyruss

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Cannon Arm and the Arcade Quest, documental danés dirigido por Mads Hedegaard y parte de esta edición de NIGHTSTREAM, nos presenta la historia del cincuentón, Kim, un tipo de poquísimas palabras, con cuatro hijos y un nieto, fanático de Iron Maiden y célebre en su localidad por jugar Gyruss durante 49 horas seguidas con una moneda; el récord mundial es de 59 horas. A pesar de su taciturna personalidad, él es un tipo bastante agradable que con el paso de los años se ha ganado el cariño y la admiración de un grupo de amigos, convirtiéndose en el centro de la amistad. Cada noche ellos van al Bip Bip Bar para seguir intentando romper récords y, más que nada, preparar la ardua tarea de Kim.

Es inevitable no recordar The King of Kong: A Fistful of Quarters (Seth Gordon, 2007), otro documental sobre tipos jugando arcades para romper locos récords. Incluso, la infame leyenda de estos juegos, Billy Mitchell, tiene una breve aparición aquí al igual que Walter Day, fundador de Twin Galaxies, la organización oficial que rastrea y registra los récords gamers. Es obvia la referencia de Heedergard a aquel documental del 2007, podríamos incluso considerar Cannon Arm and the Arcade Quest como una especie de secuela espiritual, pero, con la diferencia de que el danés no se enfoca en la competitividad de los arcade, sino de la fraternidad.

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Poniéndose a punto para jugar durante 100 horas seguidas.

La primera parte de la película nos presenta el contexto de la situación a través de la monótona e irónica voz en off del propio Hedegaard en un estilo que bien nos puede recordar aquel cortometraje documental La Isla de las Flores (Jorge Furtado, 1989), cuyas imágenes ilustrativas complementan lo que, en apariencia, parecen ser divagaciones del narrador, por ejemplo ¿Qué tiene que ver Alan Turing con los juegos arcade? Sin embargo, no se preocupe, este especie de ensayo narrativo cobra relevancia y sentido en algún punto.

Se plantea desde un breve repaso por los juegos arcade hasta la historia de Kim y su variopinto grupo de amigos, quienes son más que personajes secundarios en todo el asunto. Cada uno comparte la misma obsesión por un juego, así como tienen hobbies u ocupaciones igualmente excéntricas que van de publicar poemas con trucos gamer escondidos, investigar por iniciativa propia las complejas composiciones musicales de Johann Sebastian Bach o el que está haciendo una tesis sobre un incomprensible tema matemático-físico. Tampoco se puede dejar fuera a Thomas, uno de los amigos cercanos de Kim, que se suicidó y es la motivación principal de esta travesía.

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Kim entrena con esmero en su casa, mientras sus amigos fungen como el grupo de apoyo pendiente de la preparación física y médica de Kim, y ocupados de la logística que conlleva el desafío: qué va a comer, qué va a beber, qué vitaminas necesita para aguantar, dónde dormirá en los pocos minutos de descanso, qué artículos de uso básico precisa, de qué manera se turnarán para seguir al pie de la letra el protocolo y, lo más importante de todo, cómo llevar un cálculo exacto de las vidas de Kim mientras destruye naves espaciales por el universo.

Verán, Gyruss está diseñado para jugarlo de 3 a 4 minutos. Así que jugar durante un largo tiempo requiere un balance entre ganar y perder. Cuando el jugador logra cierta cantidad de puntos se le otorgan vidas, pero si se rebasan las 255 vidas el juego acaba. Así que mientras la partida se mantenga por debajo de esas 255 vidas se puede seguir infinitamente. Obvio, para alguien con la capacidad de Kim, quien lleva jugando Gyruss casi toda su existencia, ganar puntos y, deliberadamente, perder de vez en cuando unas cuantas vidas no es problema. La cuestión es llevar el conteo exacto de vidas para jugar durante mucho tiempo porque la pantalla solo tiene la capacidad de mostrar 5. 

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Llega el día de pasar más de 4 días frente a una máquina. 

En la segunda parte de la cinta, la preparación de Kim al más puro estilo de Rocky queda atrás para poner en marcha lo planeado. Hedegaard se calla un momento para dejar la acción a los protagonistas. Ya mencionamos que el juego requiere un balance entre ganar y perder, pero el reto requiere el mismo equilibro entre seguir jugando y seguir viviendo como un humano. La película se convierte en una increíble odisea geek con el grupo de amigos proporcionándole alimentos y bebidas, a la vez que hacen cálculos y llevan a cabo roles como si estuvieran en alguna sala de control de la NASA, mientras Kim está a cargo de la nave espacial.

El gerente del Bip Bip Bar, también amigo de nuestro entrañable protagonista, lleva en su computadora el conteo de puntos de la máquina de Kim para que los demás hagan las sumas y restas necesarias en sus respectivas libretas. Otros, por su parte, le dan apoyos mientras miran el juego o juegan el suyo propio cerca de él. Un amigo más, decide poner en marcha un tratamiento especial para motivarlo: el bar se inunda de música de Iron Maiden

Gyruss no permite poner pausa y los intervalos entre un nivel y otro son muy cortos. Los involucrados mantienen libre el camino de la puerta trasera mejor que en una emergencia para que Kim pueda salir rápidamente a orinar. La otra necesidad no es opción, más vale que Kim se mantenga constipado. La película se embarca en un ritmo acelerado con rápidos cortes que resumen el paso de las horas. Lo más preocupante es cuando Kim tiene que dormir, le arreglaron una colchoneta con cobijas y almohada justo a lado de su máquina, donde, en un acto de extraña conducta, pasa de mover las manos frenéticamente a recostarse allí con rapidez para dormir a toda prisa, si es que a eso se le llama dormir. Todos guardan silencio, solo se escucha el sonido del juego perdiendo vidas

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Mads Hedegaard surte de estilo a su película. Hay un interesante juego de pantallas, la que vemos nosotros como espectadores y la de las máquinas arcade, lo cual armonizado con las luces neón del bar crean un estilizado festín visual retro. No es necesario que los espectadores gusten de los videojuegos para disfrutar de la cinta, el mismo director menciona que él no sabía nada de videojuegos pero al conocer a este peculiar grupo de personas se sintió atraído y, sobre todo, invitado.

A fin de cuentas, Cannon Arm and the Arcade Quest no es sobre documentar el maratónico desafío, ni de adentrarse a la cultura de los arcade en Dinamarca, nada de eso. Es sobre la amistad, de lo importante que es el genuino sentido de pertenencia y de encontrar personas igual de locas que uno que comparten las mismas locas pasiones, ya sea por el cine, la música, los videojuegos o cualquier otra cosa que a muchos les parecería poco relevante. 

Es justo allí, en esos pequeños nichos, donde se encuentran a los seres más increíbles, los que anteponen los interés de los demás a los propios con genuina preocupación. Cannon Arm and the Arcade Quest es, por lo menos para mi, uno de los mejores documentales y, ¿por qué no?, largometrajes en general del año. Cada minuto cuenta, incluso en los créditos finales.

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