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Narco Cultura

★★★★✩

Dos películas conviven en «Narco Cultura». La primera sigue la vida de varios agentes que trabajan en México, en Juarez. Pertenecen a la unidad de peritos, encargados de identificar cadáveres y de practicarles autopsias. La zona es extremadamente peligrosa y según datos oficiales fallecieron más de 10.000 personas en los últimos años sólo a caso de asesinatos y otro tipo de homicidios. La cercanía de Shaul Schwarz a este conflicto es total, vemos cadáveres en primeros planos, sin trampa ni cartón, con una imagen pulcra muy alejada de otro tipo de documentales ‘ de archivo’ que añaden grano o no tienen formatos menos depurados. Aquí es tan la claridad a la hora de exponer estos segmentos que casi pareciera una película de alto presupuesto tirando de maquillaje y otros trucos similares. No es el caso. Esta ‘película’ es dura. Las imágenes duelen, la forma en que se nos acerca a los agentes y a su día a día, particularmente del «protagonista», es muy jodida. Es cine de terror, sin ningún tipo de duda. Cuesta mantener la mirada incluso pese a la naturaleza morbosa del ser humano de mirar aquello que le es desagradable.

La ‘segunda’ película se centra en un fenómeno conocido como narcocorridos, una corriente musical que podría hermanarse con el hiphop y que consiste en glorificar a los narcotraficantes. Los músicos escriben letras que cantan las gestas de sus héroes, héroes aun siendo asesinos, considerados como tales por los propios ‘artistas’. Casi como un ‘makin of’ de una gira musical, una especie de «This is Us»/»Never Say Never» de algún ranchero con letras violentas, observamos cómo se ganan la vida con este tipo de trabajo casi como única forma de sobrevivir. A fin de cuentas, o estás con ellos -los narcos- o en su contra. Funciona esta figura como un término medio. Si la ‘primera película’, es cine de terror, aquí no hay ningún momento de alarma. Que el documental centre tanto tiempo en ello es coherente a la hora de crear un contraste pero honestamente lo veo de más. A fin de cuentas, Schwarz lo que hace es repetir una idea que queda clara a los 20 minutos, dilatándola y reincidiendo en ella como si no hubiera quedado claro. «Narco Cultura» se complementa así con estos puntos de vista y aporta, además, otros más ligeros como la reflexión de una periodista o el testimonio de uno de los asesinos sobre los que gira todo. Un documental que hay que ver, aunque es cierto que con un montaje un poco más ligero ganaría varios enteros. Para ver en sesión doble con «Ghosts of Cité Soleil» (2006) y ‘alegrarse’ de que uno vive -con sus más y sus menos- en un país civilizado.

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