Conecte con nosotros

Criticas Cine

Mórbido 2019: Culture Shock

Publicado

en

Martha Hig

Marisol (Martha Higareda) es una joven embarazada y desesperada por salir de su tierra natal para ofrecerle a su futuro hijo una mejor vida lejos de la pobreza y el crimen. Repentinamente, una nueva oportunidad para emigrar a Estados Unidos se le presenta. Alguna vez lo intentó y falló. Ahora, el mismo coyote está a punto de emprender un nuevo viaje y Marisol no tiene otra opción que tomarlo. La travesía incluye otros tres coyotes y otros dos clientes: Santo (Richard Cabral), un pandillero con reputación en el bajo mundo, y Ricky (Ian Iñigo), un niño guatemalteco que viaja solo y, a recomendación de los coyotes, se esfuerza por parecer mexicano. Los tres emprenden un camino nada fácil con coyotes no muy amigables… ni honestos.

La historia de migrantes y su travesía por llegar al sueño americano se ha vuelto un tema recurrente en películas recientes –Desierto (Jonás Cuarón, 2015), Sin Nombre (Fukunaga, 2009), La jaula de Oro (Quemada-Díez, 2013), La Misma Luna (Riggen, 2007) y la lista sigue- . La premisa antes mencionada de Culture Shock ofrece de poco a nada nuevo. Pero debemos mencionar algunos aspectos importantes en esta producción: la película es parte de una serie antológica de terror producida por Hulu y Blumhouse (productora responsable de cintas como La Purga, Get Out o Insidious), está dirigida por la mexicana radicada en Canadá y fanática del cine de terror Gigi Saul Guerrero; y, por último, la sinopsis del primer párrafo es sólo la primera parte de unas de las películas más originales sobre migrantes.

Culture Shock 01

Into the Dark es el nombre de esta antología cuyos doce episodios se centran en la festividad más importante de cada mes en Estados Unidos. Culture Shock corresponde al mes de julio y al Día de la Independencia. Y debemos destacar que no es precisamente una exaltación al día más patriótico de nuestros vecinos del norte. Quién mejor que Guerrero para darnos el punto de vista de las dos partes, los inmigrantes y los estadounidenses.

Culture Shock es de esas obras que entre menos se sepa mejor funciona. Lo único que podría decir es que tiene vibras a lo Twilight Zone al plantear situaciones reales a través de formas que alcanzan el terror y la ciencia ficción, en este caso hasta de la alegoría con la idealización que tenemos sobre Estados Unidos y el sueño americano. De igual manera, se manifiesta la percepción de los norteamericanos hacía los inmigrantes, como personas que si quieren ser parte del sistema deben ser más que expatriados, deben renunciar a cualquier indicio de su cultura para adoptar la estadounidense como propia, pero sin los privilegios de nacer allí y quedando siempre en una jerarquía inferior.

Hero_culture Shock

Otra sorpresa es Martha Higareda. Quizá estemos acostumbrados a verla en comedias insípidas, sin embargo, aquí demuestra una versatilidad para el suspenso que nos hará percibirla de forma diferente. Por si fuera poco, Barbara Crampton aparece en un papel menor aunque destacado como una típica ciudadana estadounidense de actitud alegremente siniestra. Culture Shock es una tremenda sorpresa con originalidad y atrevimiento, su alegoría, además de retorcida, es bastante divertida. Una sarcástica respuesta a las medidas contra la inmigración de Trump, ofreciendo una medida aún más descabellada.

Criticas Cine

Jojo Rabbit: Ternura, emotividad, humor negro y el mejor mensaje anti bélico

Publicado

en

jojorabbit04-1325x720

Al ver una representación de quien fuera líder del partido nazi esperamos un retrato, ya sea histórico o caricaturesco, más cercano al personaje segregador y absolutista. Sin embargo, el carisma de Taika Waititi se ve encarnado en un amigable Hitler al servicio de la imaginación de un común y adorable niño de diez años, eso sí, con un tremendo fanatismo por la ideología nazi. La primera película de Waititi tras su incorporación al universo de Marvel puede sentirse, en apariencia, incorrecta por varias razones (digo, ¿la historia del adoctrinamiento de un niño nazi?). Y más en estos tiempos donde hasta decirle gordo a un gordo se vuelve un insulto.

Taika Waititi es consciente de ello y con un humor sarcástico al estilo de South Park desarrolla las desventuras de Johannes, el niño nazi de diez años también conocido amistosamente como Jojo (Roman Griffin Davis). Basada (libremente) en la novela Caging Skies de Christine Leunens, estamos en algún poblado de la Alemania Nazi, la habitación de Jojo es un “santuario” al nazismo con pósters y esvásticas que denotan el orgullo ario del pequeño protagonista. Incluso, la secuencia de créditos iniciales nos muestra ese fanatismo por el Führer como si se tratara de alguna estrella de rock con imágenes de archivo de gente extasiada en los mítines nazis mientras de fondo suena una versión en alemán de I want to hold your hand de The Beatles (si a Waititi no le interesa ser correcto, menos el anacronismo de la música).

multimedia.grande.9d7a89cc933bf11d.6a6f6a6f205261626269745f6772616e64652e6a7067

El pequeño Jojo vive con su madre Rosie (Scarlett Johansson), quien adopta el papel de madre soltera tras la partida a la guerra de su esposo y la muerte de su hija mayor. La atractiva y bien intencionada madre lidia con condescendencia el feroz nacionalismo de su hijo, así que le concede su viaje al campamento de niños exploradores nazis donde Jojo estará dispuesto a aprender las utilísimas habilidades de disparar un arma, manejar dagas, odiar judíos y hacer una esvástica con el cuerpo. Lo más cercano a Disneylandia para un jovencito ario. Encima de todo, el pequeño es acompañado por su segundo mejor amigo (el primero es el Hitler imaginario, obvio) Yorki (una revelación el simpatiquísimo Archie Yates). Ambos quieren demostrar ante los chicos mayores que están a la altura de ser los guardias personales del Führer, pero un accidente mandará a Jojo de regreso a casa.

Waititi ha mostrado destreza para los personajes infantiles y los conflictos de la madurez. Desde su cortometraje nominado al Oscar, Two Cars, One Night (2004), pasando por los largometrajes Boy (2010) y Hunt for the Wilderpeople (2016), se ha visto una debilidad por el coming-of-age y siempre con facilidad para evadir los sentimentalismos. Jojo Rabbit en ese sentido se asemeja a Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012) al establecer un prohibido e inocente vínculo amoroso. En el caso de Jojo, el proceso de madurez parece ir en reversa, preocupado primero por la política y la situación de su país antes de las banalidades por las que un niño de su edad se preocuparía. Lo cierto es que esto se debe a su inocencia. Una que Elsa (Thomasin McKenzie), la adolescente judía escondida en la casa de Jojo, le ayudará a darse cuenta. El protagonista quiere ser un hombre antes de ser un niño.

JOJO-RABBIT

La película transmite una dulzura y un encanto cuyo humor ácido evita caer en lo empalagoso. Solo una mezcla adecuada de tonos y el humor efectivamente absurdo de Waititi (hilarante la secuencia donde un grupo de personas se saludan entre sí diciendo más de ¡30 veces! “Hail, Hitler”) pueden lograr esto. Quizá, estos elementos hagan sentir minimizado, durante buen lapso de la cinta, un contexto tan serio como el genocidio. No aplica el “no importa mientras sea divertido”. Llega el punto donde se corta esta atmósfera fársica y fantástica para darnos un pedazo de realidad.

Destacable el resto del reparto conformado por Stephen Merchant como un agente de la Gestapo, al igual que Sam Rockwell como el capitán Klenzendorf, un oficial militar degradado a encargarse del campamento de niños exploradores nazis (y después otra vez degradado a un puesto administrativo), quien junto a su fiel ayudante Finkel (Alfie Allen aka Reek aka Theon Greyjoy en Game of Thrones) y Rebel Wilson como instructora del campamento son un continuo gag en orden de empatizar y humanizar un estereotipo, otorgando un elemento conciliador, el cual se aleja de ridiculizar a los nazis para ofrecer una mayor humanidad y dimensión a dichos personajes.

jjr_r6_v012c0_190607_10jk_g_r709_JacquelynSilverman.01_26_13_21.Still765.tif

Ahí, me parece, radica el mayor mérito de Jojo Rabbit: evita la clásica división entre buenos y malos; para los niños nazis los judíos no eran más que monstruos con cuernos que adoraban la fealdad y dormían de cabeza. Pero, ninguna ideología evitará que seamos diferentes, porque que lo creamos no significa que sea cierto. Jojo tiene diez años al iniciar la película, al termino tiene diez y medio y el mejor mensaje anti bélico y conmovedor en mucho tiempo.

Seguir Leyendo

Anime

En el Cumpleaños de Miyazaki, hablemos de El Viaje de Chihiro

Publicado

en

44B72C3E-C972-436D-892A-12950F09A093

En una época en donde aún se pensaba que la animación era solo un producto para niños, y en la que predominaba el estilo hollywodense estandarizado -que cada cierto tiempo entregaba estupendas propuestas, no podemos negarlo- y un reciente enamoramiento por el CGI, irrumpió esta producción japonesa en 2D, para demostrar lo contrario y darle la bienvenida al nuevo siglo, haciéndosele paso con el favor del público y la crítica en general. Por supuesto, esto redundó en que se hiciera de diversos reconocimientos a nivel mundial, incluyendo el premio Oscar a la mejor película de su categoría, dejando en el camino -con justicia pero sorpresivamente- a favoritas del circuito comercial como Ice Age y Lilo & Stitch.

72320091-B860-4D45-9043-9E98C67DAA5E

La historia que el célebre y veterano director Hayao MiyazakiLa princesa Mononoke, Se levanta el Viento, EL Castillo Vagabundo– escribiera inspirándose en la hija de un amigo que solía visitarle, y que muchos relacionarían con Alicia en el País de las Maravillas -hay diversos paralelismos sin duda-, sigue los pasos de una niña de diez años que a regañadientes tiene que cambiar de casa junto con sus padres. De camino a su nuevo hogar toman un atajo y pierden el rumbo, lo que les lleva a recorrer un lugar aparentemente abandonado, en donde ellos comenten una terrible imprudencia, dejándole sola para enfrentar un mundo habitado por extraños seres en los que no sabe si puede confiar, y con reglas que no entiende.

El punto de partida es simple, sin embargo la sensibilidad del acercamiento que va develando la magia de lo cotidiano, es encantador e inquietante a la vez, y va envolviendo al espectador con metáforas y alegorías, hasta recordarle lo que representa dar rienda suelta a esa capacidad de sorprenderse que a veces ha quedado oculta y abrumada por cierta interpretación de la madurez. Pero el asunto va un poco más allá, a través de pasajes agridulces que encuentran en la poesía la mejor forma de vincular la realidad y la fantasía, plagados de dioses, espíritus, brujas, criaturas insólitas y otros bicharajos -a veces tan seductores como desagradables-, reflexiona acerca del egoísmo y el sacrificio, sobre la maldad y la culpa, sobre cómo la irresponsabilidad de los padres causa estragos en los hijos, sobre la pérdida de la inocencia, y por si fuera poco, bordea con dramatismo el tema de la prostitución infantil.

03C03AE3-CA7F-4EAD-AE05-28C14198DB9F

El viaje de Chihiro, que se convirtió en la décimo tercera película de los Estudios Ghibli –Mi Vecino Totoro, La tumba de las luciérnagas-, sorprende por su belleza elocuente y seductora, la humanidad que impregna su estilo de aire tradicional y la naturalidad con que esto le sirve para reinventarse a cada instante, pero sobre todo, por el discurso profundo que le sustenta. Es una indispensable de la cinematografía. Sin duda se trata de un viaje alucinante y conmovedor, que se vuelve universal a través de lo extraordinario, cuya manufactura alcanza niveles de virtuosismo y debe ser considerada no solo una joya de la animación, sino del cine en general.

07585494-BEC1-4EEC-9D88-B5E0F7FCCDFF

Este texto originalmente fue publicado en Revista Empire México

Seguir Leyendo