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Zaya Hayes se cambia del documental a la ficción y debuta con Shane Atkinson como guionista. Su propuesta pretende ser una de esas películas que los americanos llaman feel-good movies por su tono positivo y su intento de generar buenos sentimientos.

Una comedia ligera, con un toque muy suave de drama, sobre cómo afrontar la recta final de la vida.

Hay una parte encomiable y, afortunadamente, frecuente de hablar de esa primera fase de la tercera edad (a la que ahora se llega en un buen estado) como de una etapa para crecer y, todavía, apostar por cosas nuevas y sueños no alcanzados.

Ese aspecto motivacional domina el film, junto a la idea de compadreo femenino. Sin embargo, el encuadre comercial y el esquema simple y ligero impiden que tengamos personajes realmente interesantes y una visión algo más trascendente de esa fase de la vida.

Estamos ante lo que estamos: unos minutos de entretenimiento, para muchos ciertamente banal, pero aceptable para quien, ese día, no busque mucho ante la pantalla.