Teatro

Marcel Marceau, el sonido del silencio. Falleció un 22 de septiembre

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En su rostro la alegría y la tristeza cobraron dimensiones inimaginables. Con su quehacer escénico descubrió la magia de las situaciones más cotidianas ofreciendo al mundo la posibilidad de volver a soñar. Fue el más gracioso, divertido y entrañable de los humanistas, y su legado intangible pero poderoso, cambió la perspectiva de aquellos que se dejaron tocar por él.

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Los pasos de este mimo nacido en Estrasburgo en marzo de 1023, comenzaron marcados por la tragedia. Su padre judío fue víctima de las implacables acciones perpetradas por las bestias nazis que le persiguieron y llevaron a Auschwitz, en dónde fue ejecutado. Para su fortuna, contando con 17 años, Marcel Mangel que era su verdadero nombre, logró escapar junto con su madre y su hermano a la ciudad de Lille, en el norte de Francia. Ahí, aún sin conocer el poder de las muecas, pero ya con su corazón comprometido con la problemática social, se unió a las fuerzas de la resistencia francesa. Fue ahí que retomó el apellido de un general de las guerras revolucionarias, rebautizándose como Marcel Marceu, nombre con el que se convertiría en leyenda.

DE LA GUERRA A LA COMEDIA
Así pues, antes de apoderarse de los escenarios teatrales, piso el despiadado escenario bélico formando parte del ejército. Esto le marcaría para siempre, convirtiéndole en un humanista casi empedernido, lo que plasmó con su personaje más reconocido, Monsieur Bip. Fue a través de él, sujeto de cara blanca, anchos pantalones, camisa marinera y chistera vieja, que manifestó sus sueños y preocupaciones, y criticó las injusticias del mundo. Con un virtuoso manejo escénico del tiempo-ritmo, y de la gestual, logró colarse a la historia como el mimo más grande del siglo XX, mientras penetraba las entrañas de los espectadores, acariciándoles y abofeteándoles a un tiempo el corazón.

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Su influencia principal, aparte de la cruda realidad que luego de pasar por el ejercito le impulsó a buscar una forma de expresarse, fueron la cintas de comediantes de la talla de Charlie Chaplin, Harry Langdon, Buster Keaton, Harold Lloyd, y Laurel & Hardy. Todos estrellas del cine mudo, lo que le enseñaría a Marcel, lo valioso, elocuente y poderoso que podía ser el silencio. Fue, motivado por estos genios de la comedia; que en 1944 se matriculó en la Escuela de Arte Dramático «Charles Dullin» del Teatro Sarah Bernhardt en París. Ahí enfiló sus pasos de forma definitiva hacia los escenarios, de la mano de uno de los grandes maestros de la pantomima, Etienne Decroux.

Apenas dos años después entró a la Compañía de Barrault, haciéndose cargo de interpretar el papel del Arlequín en la pantomima Baptiste, ahí perfeccionó su personaje de Bip, y permaneció como parte importante de sus filas hasta 1948, año en que recibió el famoso premio Deburau (galardón que hace referencia al más grande del siglo XIX, el mismísimo Pierrot).

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Luego, Marcel Marceau fundaría su propia su compañía, la única de pantomima de ese tiempo, y que por supuesto, llevaba su nombre. Ahí fue dónde se originaron mimodramas legendarios como «Pierrot de Montmartre», «The Pawn Shop», «The Wolf of Tsu-Ku-Mi», 14th July», «The 3 Wigs», «Paris laughs – Paris cries», y «Don Juan». Esto además de los clásicos «El fabricante de máscaras», «El jardín Público», y el celebre «Adolescencia, madurez, vejez y muerte». Con este y otra veintena de números en su repertorio, Marcel trascendió las fronteras y con sus pies descalzos se presentó en los mejores teatros de París, y de otros países de Europa y América del Sur.

A CONQUISTAR EL RESTO DE AMERICA
Fue en 1954 que por fin Marcel Marcel pisa territorio norteamericano en el Festival de Stratford (Ontario). Tiempo después haría una exitosa gira por diversos estados de la unión americana culminando en el «City Center» de Nueva York. Desde entonces no dejaría de viajar, llevando lo más grande de la tradición del mimo para conmover y hacer soñar al mundo, desde América hasta la India, pasando por Asia y Europa.

Pero el teatro no fue su único escenario de acción, su trayecto de ensueño lo llevó a la televisión, apareciendo en «A Christmas Carol» de 1973, una producción de la BBC en dónde interpretó a 17 personajes diferentes. También fue invitado en los programas de Johnny Carson, Merv Griffin, Mike Douglas, y Dinah Shore, y participó en 13 películas producidas por la Enciclopedia Británica. Pero el cine también le abrió las puertas al creador de máscaras, fue parte de proyectos como Barbarella, cinta dirigida por Roger Vadim, y protagonizada por Jane Fonda; Shanks, dirigida por Bill Castle, en la que hace a un titiritero sordomudo y a un científico loco, y la película muda de Mel Brooks, en dónde Marcel la única palabra que dice es “No”.

Así, haciendo realidad mundos increíbles, entre muecas y sonrisas, se ganó el corazón de todo aquel espectador que lo vio aparecerse en un escenario. Esto además de reconocimientos tan importantes como «Officier de la Légion d’Honneur», «Commandeur des Arts et Lettres», y «Grand Officier de l’Ordre National du Mérite», los más altos honores que el gobierno francés puede otorgar.

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LA ÚLTIMA Y SILENCIOSA CARCAJADA ES ETERNA
Fue luego de más de cincuenta años de entregar al mundo lo más grande de su arte, que Marcel Marceu cayó en el sueño eterno dejando una última y silenciosa carcajada que aún hoy retumba entre los escenarios del mundo. Tenía 84 años. Su legado, es más grande de lo que quizás el mismo pudo haber imaginado. Este incluye la Escuela Internacional de Mimodrama de Paris, un lugar en dónde los jóvenes artistas encuentran mucho de aquello que hiciera grande al legendario mimo, que hoy, acompañado por Bip, recorre los cielos del ensueño y la imaginación, edificando con su cara y su cuerpo, mundos increíbles.

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