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Loving Pablo: Cómo diluir a un país a través del miedo

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Nunca serán suficientes las historias detrás de las figuras más grandes del hampa en Latinoamérica, y es que pareciera ser que la realidad supera siempre a la ficción y esto sólo provoca que la ficción escale más alto para intentar llenar las expectativas de los narcofans, que son insaciables.

Así es como llega una entrega más basada en la figura de Pablo Escobar Gaviria, pero ahora de la mano de un cineasta con escuela documentalista como lo es Fernando León de Aranoa, quien junta talentos como el de Javier Bardem y Penélope Cruz para mostrarnos una arista más de la caótica vida de esta figura que puso a temblar a todo un régimen con su poder.

En esta ocasión nos encontramos con una adaptación del libro “Amando a Pablo, odiando a Escobar”, un libro escrito por la periodista Virginia Vallejo, que viera la luz en el 2007 y que hasta la fecha ha sido traducido a 15 idiomas.

La historia nos cuenta el romance de Virginia con Pablo a partir de una invitación que recibiera la periodista a una de las fiestas de alta sociedad que ofrecía Escobar para celebrar la fundación del cartel de Medellín. La primera etapa es la que en general siempre se queda en la memoria de las personas porque refleja justo esa vida aspiracional de lujos y tráfico de influencias con las que todo mundo sueña, y este ambiente desde luego embriaga a Virginia quien queda más que seducida por el estilo de vida del narcotraficante.

Como es costumbre, la figura de Escobar es reflejada como en realidad era tratado en su tierra natal, donde se le veneraba como si fuera algún tipo de deidad que finalmente escuchaba sus súplicas y es dónde podemos ver los momentos más surrealistas de la cinta, donde nos cuenta que muchos de los niños nacidos en Moravia fueron bautizados como “Pablo” en su honor, eso y desde luego las tomas dónde vemos como sus sicarios tomaban carreteras con violencia para convertirlas en pistas de aterrizaje exprés, son de esas cosas que en realidad cuesta mucho creer cuando se leen en los libros.

A pesar de los recursos narrativos, no dejamos de estar contemplando un drama, las actuaciones de Bardem claramente nos muestran a un ser que siente empatía únicamente por su familia y por contados personajes en los que puede confiar o sacarles algún provecho, de la mano de Virginia lo vemos sonreír pero en cuanto obtiene lo que quiere de ella el trato se vuelve frívolo y de alguna manera este cambio de actitud hace que ella se enganche de su persona lo que la lleva sin duda por un camino de perdición.

Curiosamente la historia de gloria del imperio de Escobar comienza una caída vertiginosa casi de inmediato, porque justo al tocar la cima, a Pablo ningún pensamiento racional lo detuvo a cada paso que quiso dar y quienes lo contradecían eran amenazados de muerte de una manera poco sutil, y cuando decidió escalar socialmente perdió piso y sintió que podía lograrlo todo presionando los botones correctos, hasta convertir al país entero en su más grande cómplice.

Realmente es muy difícil saber qué tanto se puede saber de la vida de un capo y como permea su influencia entre la sociedad civil, este tipo de hechos en realidad nunca se abordan con profundidad para evitar hacer una apología de la carrera del tráfico de drogas, aunque personalmente me gusta creer que este tipo de películas también buscan hacernos conscientes de que pasos como la legalización son necesarios para evitar que este tipo de personajes escalen al nivel que hizo Escobar hace tan poco tiempo.

Javier Bardem es un silencioso monstruo con piel humana que vive el miedo en silencio y que no puede manejar la frustración. En todo momento se siente traicionado y reacciona de las maneras más impredecibles, sin embargo, logra construir una versión de Escobar que irradia carisma, encarna a alguien que pocas veces tuvo que ensuciarse las manos y esto de alguna manera le ayudaba a desprenderse de la responsabilidad emocionalmente, convenciéndose a sí mismo de que alguien más era responsable de los actos más atroces.

Penélope Cruz nos presenta profundamente el relato de una de los miles de personas que se vieron arrastradas por Escobar. En ningún momento se ve cómo pudo haber evitado que la situación se le escapara de las manos y su caída profesional fue el menor de sus problemas. Sólo hace falta ver la cara que pone cuando sabe que viajar en avión, salir huyendo en coche e incluso caminar por las calles era salir a buscar la muerte.

Personalmente creo que esta versión es la menos romántica de las que se han hecho alrededor del personaje de Pablo Escobar y que incluso muestran a detalle su caída y esa miseria que dejó a su paso, por lo mismo no creo que sea de las favoritas del público en general, se lo recomiendo sólo para los fans del cine que gustan de encontrar en su plato un poco cruda su película.

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Milla: De la vida sin techo a la vida doméstica

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Milla (Severine Jonckeere) se instala ilegalmente junto a su novio Leo (Luc Chessel) en una casa abandonada cerca de una zona costera. Dejan la vida en el bosque para intentar encontrar lo que muchos vivimos sin darnos cuenta. Los vemos conversar y bromear a la luz de las velas mientras comen sándwiches de jamón y queso, y vuelven el lugar habitable poco a poco acumulando objetos domésticos sacados de la basura o robados. El sueño de algunos es simplemente vivir la normalidad.

La película de la francesa Valerie Massadian retrata los momentos mundanos de una joven mujer que busca la estabilidad con su pareja, quien consigue trabajo en un buque de pesca. En algún punto ella queda embarazada y ellos son felices. La directora no busca el melodrama, estamos lejos de una historia de tragedia a pesar que el mayor conflicto y giro en la trama es la accidental muerte de Leo.

Massadian resuelve esto de manera de manera sencilla sin aspavientos. En dos secuencias nos enteramos de la muerte de la pareja de Milla y de su nuevo trabajo como una mujer de intendencia en algún hotel y ya con un notorio embarazo. Allí hace una nueva amiga con quien compartirá estos momentos de la película, sin embargo, antes de profundizar más, nos encontramos con otro giro abrupto donde de un corte a otro ya vemos a la protagonista con su pequeño hijo Ethan en un pequeño pero cómodo departamento. La vida no la ha ignorado por completo.

La directora sugiere la tan anhelada estabilización de la protagonista. Durante esos momentos en el último acto la vemos feliz junto a su hijo, compartiendo las banalidades de la normalidad tal y como lo hacía con Leo al principio de la cinta. En la transición hacia la adultez los huecos ambiguos que deliberadamente deja Massadian, lo cual a algunos asombrará y a otros aburrirá. Qué más remedio, así es la vida.

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