Contacto

Los lobos: la ternura es el nuevo punk.

los lobos 2

Cine Mexicano

Los lobos: la ternura es el nuevo punk.

“Si me extrañan, póngale play”, les decía su mamá a Max y Leo cuando los dejaba solitos con una grabadora en un pequeño departamento semi vacío, mientras ella iba a trabajar para buscar el sustento diario, como inmigrante en Estados Unidos.

Esa es una de las muchas anécdotas que el director Samuel Kishi tiene guardadas en su memoria, sobre su infancia y que ahora, de una manera casi autobiográfica, retoma para crear todo el universo de Los Lobos, su más reciente filme en el que no solo explora asuntos que tienen que ver con migración, sino que enriquece, con la carne de una comunidad, el relato que amasa con solidaridad y luminosidad, tal y como nos contó en entrevista con Yourocket.

“El contar esta historia cada vez fue creciendo como el fuego de hablar de un drama migratorio, pero también hablar del arraigo y del desarraigo que sentíamos todos y todas como comunidad; hablar de la identidad, hablar de cómo de pronto un espacio frío y vacío se puede transformar en un lugar cálido al que le puedes llamar hogar y hablar además de la solidaridad; de que la neta sobrevivimos también gracias a los lazos que uno va creando: no podemos ser una isla nada más, nos necesitamos todos los unos a los otros y era generar ejercicios de empatía todo el tiempo y en todo momento, más aún con las realidades tan duras que estamos viviendo”, afirmó.

“Y es que me refiero no solo lo que vivimos en el mundo, sino en México con los inmigrantes y los desplazados y en este sentido, lo que quería también con la película, era ponerle un rostro a los números y que el espectador generara empatía con los personajes; que no nada más fuera esta cuestión superficial de saber que es algo que ocurre todos los días, porque ocurren un friego de dramas todos los días, interesantísimos, pero ¿cómo ponemos la lupa?, ¿cómo hacemos que esta historia sea nuestra historia? Creo que es a través de los personajes”, continuó.

“La neta, es que como espectador, estaba muy harto de ver el cine de la porno miseria latinoamericana…”

 Y es entonces que los recuerdos de aquel niño de cinco años, que viajó con su hermano de 3 y su joven madre hacia Estados Unidos, con el sueño de una vida mejor – y de algún día llegar a Disneyland -, dejaron de ser solo un cuento que se agarra de lo íntimo, sino que genera preguntas hacia lo colectivo, lo que pasaba con estas personas que también llegan a un país que no es el suyo, que viven, que crecen y que buscan sus propias herramientas para crecer.

 

Con esa idea, que originalmente se gestaba en Santa Ana California (de hecho la película tenía como título inicial “Los aires de Santa Ana”), Samuel viajó a Estados Unidos y explicó a la productora Inna Payán que deseaba filmar ahí, para vivir realmente el contexto que los niños protagonistas, Max y Leo, así como su madre, experimentaron. Entonces, por razones de presupuesto, decidieron filmar en Albuquerque, donde inició un nuevo proceso con los pobladores de un barrio.

“Empezamos a hacer comunidad, jugaba futbol pero sobre todo era escuchar y muchas de las cosas que platicaba con la comunidad me dejaban clara esa sensación que ellos tenían y que era la misma que yo recordaba cuando era niño: sentirse como fantasma del sistema, como que existes pero no existes”, dijo Kishi, quien hizo parte del equipo a todo el vecindario.

“Nos pasa muchas veces como cineastas que dicen “por donde pasa el cine ya no vuelve a crecer el pasto”, porque vamos y parece que somos colonizadores y se me hace una reverenda gachada y muy poco ético llegar con una autoridad prepotente, y yo quería, en su lugar, hacer comunidad, explicarles qué era lo que íbamos a hacer y abrir nuestra mesa con la comunidad, aunque me decían, ‘no nos va a alcanzar la comida’.

Pero yo quería eso y lo que empezó a pasar fue muy lindo, porque empezaron a colaborar, nos pidieron salir en la película, a todos se les pagó y todo fue muy responsable y me siento muy afortunado porque el equipo de producción siempre estuvo al tiro con esto”, recordó el director.

Y es en esa comunidad que existen problemas (como en todas), que existen las propias personalidades que tienen su lugar a través de bellos retratos que les dan existencia y que son parte de este universo en el también existe la belleza, la imaginación y la audacia de la infancia desde cuyos ojos el cineasta planteó contar esta historia, sin miedo a la ternura, es más, con toda la potencia de la ternura como una fuerza de la que nos hemos olvidado.

“Es algo que hablamos muchas veces con todo el equipo: queríamos contar una historia tierna y es raro porque al mencionar este término genera como algo que como que asusta, creen que va a ser melosa y no, yo les decía ‘LA TERNURA ES EL NUEVO PUNK’, y es que la neta es que como espectador estaba muy harto de ver el cine de la pornomiseria latinoamericana, harto de ver historias y situaciones que, sí pasan pero la vida está llena de claroscuros, no es una totalidad blanca, no es una totalidad negra”, aseguró.

 

“Queríamos contar una historia tierna y es raro porque al mencionar este término genera como algo que como que asusta, creen que va a ser melosa y no, yo les decía ‘LA TERNURA ES EL NUEVO PUNK”

 

“No vamos a negar estos momentos de oscuridad pero también va a haber luz porque cuando nos sentimos deprimidos o deprimidas, hay cosas que hacemos que son realmente enternecedoras y era eso, son detalles, como cuando un niño aprende a amarrarse las cintas de los tenis y me gusta mucho esto porque son personajes intentando, en todo momento luchando, ya sea en las cosas pequeñitas, pero las cosas pequeñitas también son gigantes, es derrumbar universos: aprenderse a abrochar las cintas de los zapatos ¡¡¡es poderosísimo!!!

Y metafóricamente significa un paso a la independencia, crecer un poco más, no darle lata a tu mamá con eso, y el comenzar a llenar con esas cosas, que son detalles de los perfiles de los personajes va robusteciendo la historia que si bien, se han contado miles de veces, vemos que lo novedoso son lo personajes.

Así, la producción de Inna Payán y Leticia Carrillo, se vuelve poderosa y siempre juguetona pero sin dejar de poner el dedo en los problemas sociales, eso sí, sin caer en la profunda oscuridad, pues la maestría con la que Samuel Kishi trabajó con los niños Maximiliano y Leonardo Nájar Márquez y la actriz Martha Reyes Arias, en Guadalajara, detonando sus propios mundos, logró que en el rodaje ellos pudieran realmente escapar de esas cuatro paredes a través de los juegos, sus propios personajes – que se animan con belleza – y que el aburrimiento se contara a través de pura diversión.

Luego de recorrer infinidad de festivales conmoviendo a la audiencia y jurados de distintas latitudes(Berlín, Luxemburgo, Guanajuato, Guadalajara, etc.), Los lobos sigue en cartelera en medio de la reapertura de los cines, invitando al público a experimentar una historia de poderosa inocencia, maravillosa solidaridad y profunda imaginación en medio de la realidad.

La película Los Lobos es una coproducción de Animal de Luz, Alebrije y Cebolla Films; cuenta con la distribución en México de Mantícora Distribución.

https://www.youtube.com/watch?v=IP-DAAeRMMk

 

 

 

 

 

Agregar comentario

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más artículos de Cine Mexicano

Top