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Los conductos: lo artístico por el límite de lo moral

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Los conductos: lo artístico por el límite de lo moral

Con un ímpetu de exploración artística, una influencia en la plástica y una necesidad creativa de indagar en los límites de lo moral es que el director Camilo Restrepo concibió y filmó de manera tradicional Los conductos, cinta de ficción, que raya en lo documental y lo experimental para mostrar la historia de Pinky, un joven que busca un nuevo camino tras ser defraudado por una secta.

Tal y como lo relató el director en entrevista, el personaje protagonista de esta apuesta surgió de la vida real y es él mismo el que se encarna en esta nueva aventura en la que tuvo la oportunidad de indagar otro camino.

“Él estaba buscándose la vida como podía, haciendo malabares en las calles de Medellín, pero cada vez se iba más a fondo en su adicción a las drogas y no podía verlo caer tan lejos, ya casi al borde del abandono social, entonces le propuse algo: ‘represéntate, pero no para que seas tú mismo sino para que seas otra cosa que no eres ahora’ .

 Para mí era importante que fuera él, porque fue él el que quedó marcado en la vida por una experiencia traumática y por eso que fuera él que se interpretara así mismo, y no un actor era primordial, para mi era la pregunta que yo le hacía ¿Cómo te quieres ver?”, afirmó el realizador.

Así fue como el trabajo se convirtió en una gran experiencia de conversación y acercamiento para lograr saber cómo era que este personaje realmente quería vislumbrarse así mismo, a pesar de su condición en la que las alucinaciones y los límites borrosos de la realidad estaban presentes, lo que dio pie a que la película fuera una aproximación más que psicológica, algo psicodélica en la que la tendencia plástica, producto de la formación previa como artista plástico de Restrepo, queda en evidencia.

“Vemos de una manera muy plástica como utiliza la oscuridad para pasar a otros niveles y salir de la tendencia realista del cine latinoamericano que está siempre diciendo como son las sociedades latinoamericanas, como sufren los latinoamericanos y yo no quería entrar en la psicología del personaje sino quería plasmar que es una realidad cambiante de aprender, un poco inasible, y que a veces necesitamos ciertas escapatorias de ellas”, señaló.

Rica en su forma, Los conductos también exhibe un dilema de lo social y de lo moral haciéndose profunda en su contenido con personajes que se integran al camino de Pinky, creando reflexión en esta jornada psicodélica.

“Ese es el concepto fundamental de la película: ¿dónde están, entonces lo límites de lo moral? Él, en esta secta religiosa, había sido llevado a realizar actos delictivos en nombre de dios y en un momento se dio cuenta que utilizaron su deseo de hacer el bien para hacer el mal, entonces quedó en ese limbo en el que no sabía donde estaba el bien y el mal y la verdad y es eso lo que tiene en común con los otros personajes.

Hay, por ejemplo, payasos que se cuestionan el orden moral burlándose de los políticos que se roban el dinero público y luego hay un personaje que enfatiza más el problema que es de una sátira española que se llama El Diablo Cojuelo y es alguien que muestra como nosotros como personas no podemos darnos cuenta de las cuestiones totales del mundo y esos personajes sirven para guiar a Pinky dentro de estos cuestionamientos importantes: no tenemos la omnivisión de dios, ni la de este diablo que le muestra eso a Pinky y entonces está este sentimiento de que como sociedad estamos continuamente manipulados y que tenemos que escoger conforme a criterios que nos son muy parciales y no nos damos cuenta la totalidad de las consecuencias de nuestros actos”, destacó.

Pero además de estos cuestionamientos, que culminan con un reclamo hacia la sociedad colombiana “que no ha podido dar un lugar digno a sus hijos”, es importante resaltar que esta película filmada de manera tradicional en celuloide y revelada, por lo que aporta artísticamente en su hechura, también se intercala en un lugar importante dentro de la diversidad del cine actual, al romper con la estructura, forma y fondo que se visualiza en el cine latinoamericano actual.

“Pienso que para salir de nuestros paradigmas sociales a veces no tiene que ser hablar de otros problemas o de los problemas que son evidentes, podemos hablar de ellos pero cambiando el lenguaje, las palabras con las que hablamos, tal vez le damos una luz nueva, tal vez podemos darles un punto de vista que era inaudito, imprevisible una nueva salida para ese problema.

Así que mucha gente ha resaltado el lenguaje plástico que la película propone y eso me parece interesante: ver que las películas no solo son tema sino que la forma también contribuye a la realización de ese tema entonces la película no se desvincula de una búsqueda plástica que había empezado hace varios años”, concluyó Restrepo.

La coproducción entre Francia, Colombia y Brasil de Montañero Films y If You Hold a Stone se presenta actualmente en la Cineteca Nacional luego de obtener el Premio Encounters a Mejor Ópera Prima en la Berlinale 2020, y formar parte de la selección de festivales como San Sebastián o FICUNAM.

 

 

 

 

 

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