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Lo mejor del FICM: La civil, una lucha con dignidad que no termina.

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Cine Mexicano

Lo mejor del FICM: La civil, una lucha con dignidad que no termina.

Luego de su aclamado paso por Cannes, la primer película de ficción de la directora Teodora Mihai se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Morelia exponiendo esta historia inspirada en distintos testimonios y realizada con extremo cuidado para priorizar la esencia de la batalla de la protagonista.

Cuando caen los créditos de La civil, el más reciente trabajo de la realizadora rumana Teodora Mihai, caen con ellos certezas de tener enfrente un trabajo profundo y con cientos de aristas por explorar y tantos dolorosos tópicos actuales sobre los cuales reflexionar, en un tono que no aplaude la miseria, que no se agarra de ella para tentarnos el corazón, sino que se toma de la realidad hecha ficción para no soltarnos, como la protagonista no suelta su propia historia.

Escrita por la propia Teodora Mihai y Habacuc Antonio De Rosario, con base en varios testimonios reales, entre ellos los de la activista Miriam Rodríguez Martínez, La Civil nos cuenta la historia de Cielo – magistralmente interpretada por Arcelia Ramírez – una mujer que vive la desaparición de su hija, la cual enfrenta hasta sus últimas consecuencias llevando a cabo una búsqueda por cuenta propia y topándose con verdades, conflictos y la pudrición de un estado y de una sociedad sofocada por el crimen.

“No me atrevo a decir que la violencia inició en el 2006 y nunca fue nuestra intención hacer un llamado político en este sentido, sino que nuestra intención fue conmover, segur a un personaje, ver su punto de vista”, mencionó en conferencia de prensa, el escritor Habacuc Antonio.

Y es que si bien, el sol duranguense baña la película, en la ficción hablamos de un lugar que puede ser muchos otros en México: un pueblo donde parece no haber más ley que el control que ejerce el crimen organizado cobrando extorsiones día a día, tomando lo que quieran, a placer, sin dar más explicación y poniendo a sus pobladores en tremendos predicamentos que tienen que solucionar sin tener nadie, pero nadie que los ayude y sin tener más explicación, lo único que tienen es cumplir con lo que se les pide y callar, tal y como se le pedía a Cielo.

Y es así que la seguimos por largos pero intensos y justificados planos secuencias que nos hacen sentir ese agobio – tal y como el personaje de Cielo lo siente -, con tal de “generar empatía”, como lo señaló Mihai, quien también habló de una violencia que se vuelve tan personal que “es difícil ver todo blanco y negro, sino que existe una complejidad que se adueña de los personajes”, y es lo que vemos, pues aquí nadie tiene una sola cara. Humanos, diríamos al fin y al cabo.

“Quise mostrar que la mujeres tienen un papel en todos los aspectos: no son solo víctimas aunque esta situación va más allá de mujeres y hombres, es algo existencial”, destacó la cineasta que con justicia centra su trabajo en Cielo, pero logra que el foco logre captar nuestra atención en otros personajes –reitero, sin soltar a Cielo – para exponernos claramente esa complejidad de la que hablaba. Todo lo que Cielo ve, es complejo, todos los personajes con los que se topa están tocados, trastocados, trastornados por algo, por la existencia misma en su aquí y su ahora. Lo vemos con El Puma – encarnado con exactitud de filigrana por Juan Daniel García – o los personajes de interpretados por Mónica del Carmen, Alicia Lagunas, Eligio Meléndez o Álvaro Guerrero donde el talento se desborda solamente para contenerse exactamente en quienes deben ser para sacudirnos.

La violencia está, -claro, es de ahí de donde parte todo -, pero no por eso se muestra de manera gratuita ni pornográfica. No hay miseria incluso en la situación tan profundamente triste e impotente que vive Cielo, no. Aquí hay dignidad y maneras de caminar día a día, aquí se trata de no descansar en la lucha como lo hacen día a día miles de personas que buscan respuestas, que buscan a sus desaparecidos.

En esa batalla se hunde, en esas batallas hay transformación, en esas batallas hay profunda desilusión y a la par, enorme esperanza. En esas batallas se vuelven otros y todo queda en un final abierto que sigue dejando perspectivas a los distintos criterios; “es la poesía del final”, dice la directora y pareciera que habla de la propia vida, en donde casi nada es absoluto.

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