Lucha Libre

Liger, el adiós de una leyenda

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Corazón de la ciudad de México, 8:35 de la noche: inicia la primera lucha, el sonido del silbato es opacado por la chifleria del respetable a las chicas de rojo que se dirigen a los vestidores. Esta noche Jushin Thunder Liger subirá al ring de la Arena México por última vez. En el crepúsculo del siglo XX, Liger revolucionó la lucha libre japonesa pues transformó a un personaje del anime en un gladiador de carne y hueso, capaz de sacar de la chistera los recursos más inusitados.
Desde su Época de Oro, la lucha libre mexicana ha estado ligada a Oriente, lugar donde nacieron diversos deportes de combate, como el judo, esencial en la formación del luchador. En los cincuenta Sugi Sito se convirtió en la primera gran estrella oriental del pancracio azteca, curiosamente éste nació en León (Guanajuato), su nombre real: Francisco Javier Mar Hernández. El gran Sugi Sito (con raíces chinas) llegó a codearse con figuras como el Santo y Tarzán López.

Durante los sesenta y setenta otro gran oriental hizo vibrar las arenas nacionales e internacionales: Felipe Ham Lee. Durante un par de décadas, esté luchador también mexicano y de ancestros chinos, se convirtió en estrella de la baraja nacional y todo un trotamundos que recorrió varios continentes. Ham Lee fue pionero del «strong style», gracias a su amistad con el japonés Antonio Iñoki y combinó el «puroresu» con la escuela mexicana. Con su alto nivel técnico incursionó en las artes marciales mixtas y recibió en su gimnasio a gente de la talla de los Villanos y los Brazos, sin embargo Canek fue sin duda su gran alumno (además de su amigo).

Para los años ochenta y noventa dos japoneses irrumpieron en los cosos nacionales, Gran Hamada y Yoshiro Asai. El primer un menudito luchador que a finales de los setenta y en los ochenta sorprendió por su agilidad y depurada técnica. Hamada, puente en el lejano oriente y tierras aztecas, incitó a varios nipones a viajar a México, entre ellos a Asai, uno de sus alumnos más brillantes. Asai formó parte del elenco de UWA (con sede en el Toreo de Cuatro Caminos), hasta que Antonio Peña lo llevó a la EMLL (CMLL), dónde adoptó el mote de Último Dragón y su espectacular indumentaria. El Último Dragón influyó en los jóvenes luchadores mexicanos de los noventa gracias a su espectacular aéreo y sus recursos arte marcialistas.

Ya en la tercera lucha el público está eufórico y «no cabe un alfiler» en la catedral de la lucha mexicana, luce cerca la antesala del homenaje a Liger donde habrá un duelo de dinastías. La lucha por el campeonato mundial femenil del CMLL resultó emotiva, Marcela y Amapola llegaron a límite de sus fuerzas al enfrascarse en una serie de castigos de poder; con el último aliento Marcela conectó un «driver» a su rival para dejarla cara a las lámparas y retener el título.

En la semifinal el encuentro dinastías entre Rush y familia vs los L.A. Park se tornó en súper libre cuando Rush arrancó las butacas y ató con los cables al gran Adolfo Tapia. El resultado pasó a segundo término, el público se entregó a L.A. Park con una sonora ovación, el duelo máscara vs cabellera entre la original huesuda y Rush es inminente.

Llegó el momento de rendir tributo a Liger, una de las leyendas del mundo de la lucha libre, embajador de este deporte espectáculo y multi campeón de las empresas más importantes como CMLL, NJPW, NOAH, ROH, WWE, TNA (Impact Wrestling) y la extinta WCW. Junto a Tiger Mask, Great Muta, Taka Michinuku y Minoru Susuki, Liger es referente del «puroresu» de los últimas tres décadas; años en los cuales rivalizó con estrellas de la talla de Chris Jericho y Chris Benoit, los años de la batalla del wrestling entre WCW y WWE, y figuras mexicanas como Negro Casas, Último Guerrero y la Sombra ( Andrade Cien Almas).

Tras la entrega del reconocimiento de los jerarcas del CMLL, Liger intervinó en una lucha de relevos (algo similar a una lucha de 4 esquinas) contra 3 viejos rivales: Negro Casas, Último Guerrero y Carístico. La batalla resulta bastante fluida; espectacular, cuando Carístico y Liger chocan, recia, momento en el que el japonés enfrenta al Guerrero y al mayor de los Casas. Tras varios castigos y vuelos, la lucha se define cuando Liger conecta un «power bomb» al Negro Casas, la cuenta de tres llega y el grito del respetable define la victoria de la leyenda japonesa. Sus compañeros lo reconocen, lo levantan en hombros, cada rincón del templo sagrado (donde triunfaron el Santo, Blue Demon, Huracán Ramírez, Gori Guerrero o el Perro Aguayo) retumba con los aplausos y el grito de «¡Liger, Liger, Liger!». El luchador se retira de los cuadriláteros para dar paso a la leyenda.