Ladrona de libros

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ladrona de libros★★★✩✩
Durante la Segunda Guerra Mundial, una niña es adoptada por una familia de Münich y, una vez que aprende a leer, decide robar los libros prohibidos por los nazis para poder leerlos. La situación se complica cuando decide acoger a un joven judío al que encuentra delante de su casa. Esta contraposición del bien y del mal está rodada con eficacia, aunque con cierta sobreexplotación del sentimentalismo. En todo caso, la moraleja que pretende transmitir es tan elevada que trasciende a la propia obra cinematográfica.

Se ha colocado al frente del elenco a la joven y desconocida Sophie Nélisse, que ya había intervenido con anterioridad en “Profesor Lazhar” y que aquí lleva a cabo una meritoria interpretación. Incluso la Asociación de Críticos de Phoenix la ha premiado por este papel, así como en los denominados “Satellite Awards”. Los personajes de sus padres adoptivos han recaído sobre los veteranos actores Geoffrey Rush (ganador de un Oscar por “Shine” y nominado en otras tres ocasiones) y Emily Watson (aspirante a la estatuilla de Hollywood). Rush es versátil y eficaz frente a la cámara y constituye una garantía y un lujo para cualquier reparto. Por su parte, Watson ha decaído ligeramente en una trayectoria marcada por excelentes actuaciones dramáticas como las de “Rompiendo las olas” o “The Boxer”, que la convirtieron en un referente de la década de los noventa. Desde entonces, aunque ha seguido mostrando su calidad profesional, no ha vuelto a disponer de un gran papel con el que lucir sus enormes dotes interpretativas.

Con un vestuario repleto de tonos zafiros y carmesí, y un escenario de ensueño de la campiña alemana recubierta de nieve, la propuesta visual de la película de Brian Percival (Dowtown Abbey) es notable, al igual que la música de John Williams (colaborador usual de Steven Spielberg) y las puntuales actuaciones de Geoffrey Rush y Emily Watson. Sin embargo, Ladrona de libros descansa en cierta ingenuidad y vaguedad sobre pormenores históricos, que podría interpretarse como una falta de respeto para aquellos deseosos de ver la guerra retratada de una forma más seria –como sucede en Lore (2012) de Cate Shortland, por ejemplo-.

Una película del montón con pretensiones para buscar el oscar intentando sacar lagrimones a rajatabla con momentos ridículos y con un final deplorable que podría haber arriesgado mucho más y no recurrir a lo forzado y lo ñoño. No me pareció mala pero no es lo que aparentemente ofrece y mucho menos es una cinta que merezca premios. Eso sí, para pasar la tarde en casa está bien pero para invertir dinero en ella no os lo recomiendo.