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La sombra del caudillo, la obra maldita en la Muestra de la Cineteca

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Cine

La sombra del caudillo, la obra maldita en la Muestra de la Cineteca

 

Uno de los temas históricos más recurrentes en la historia del cine mexicano es la Revolución; la épica y la narrativa shakesperiana del movimiento armado, han sido caldo de cultivo de diversos enfoques cinematográficos.

Hay tres momentos clave en el cine de Revolución; el primero va de la primera década del siglo XX, años del cine silente y el trabajo documental de los Toscano, a los años treinta en los cuales aparece la gran trilogía de Fernando de Fuentes -«El prisionero 13», «El compadre Mendoza» y «Vámonos con pancho Villa»-; el segundo durante los años cuarenta y cincuenta, con súper producciones al estilo del “Indio” Fernández o Ismael Rodríguez y síntesis de la historia oficial; y un tercero en los setenta, con producciones ambiciosas narrativa y visualmente, y la mayoría con un discurso más crítico.

“La sombra del caudillo” (1960), filme realizado por Julio Bracho («¡Ay qué tiempos señor don Simón», «Distinto amanecer», «Cada quien su vida», «En busca de un muro»), ilustra un período intermedio en el que aparecieron filmes como “Vino el remolino y nos alevantó” (1950) de Juan Bustillo Oro o “La soldadera” (1967) de José Bolaños, en los cuales los realizadores mexicanos intentaron ir más allá de la simple coreografía de acción y la biografía escolar. Si bien “La sombra del caudillo” no es la cinta más brillante de Bracho, fue su proyecto más ambicioso, se cuenta que desde los años treinta gestionó los derechos de la novela homónima de Martin Luis Guzmán, editada a finales de los años veinte en Madrid por lo avezado del tema.

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La obra de Guzmán pertenece a la primera etapa de la literatura mexicana de Revolución, la cual forjaron escritoras y escritores egresados del Ateneo de la Juventud; a los cuales sucedieron en la segunda etapa verdaderos juglares y testigos de primera mano del conflicto, y en la tercera etapa los herederos de los relatos orales de una de las más cruentas guerras internas de México. El relato fílmico narra un hipotético periodo de sucesión presidencial en 1924, en el cual “el Caudillo” designa a Hilario Jiménez, ministro de Gobernación, como su relevo en la silla presidencial, el general Ignacio Aguirre (ministro de Guerra), otro de los aspirantes y el cual goza de la simpatía del electorado, decide alinearse y agachar la cabeza ante la orden del caudillo, pero diversas situaciones lo hacen cambiar de opinión.

Bracho jamás imaginó que su película sería condenada a la censura, finamente retratar “La tragedia de Huitzilac”, evento al que se supone alude la novela, no era un hecho aislado ni algo desconocido para el mexicano común y corriente. Los pactos y las traiciones eran algo común en “la consolidación de la democracia”, basta recordar sucesos como la emboscada a Madero y Pino Suárez, el mítico asalto al tren en Tlaxacalaltongo donde murió Carranza o el asesinato de Zapata en Chinameca.

Se comentó que la presión de las autoridades militares por “el desprestigio” al que se les sometía en el filme, hizo que desde la oficina presidencial sentenciaran el destino de la considerada “obra maldita” del cine mexicano, un duro golpe del que el maestro Bracho jamás pudo recuperarse. El filme fue “desenlatado” en los noventa y se exhibió a la par de “Rojo amanecer” (1989), aunque de manera discreta y con escasa difusión.

A más de medio siglo de su realización, Cineteca Nacional llevó a cabo un proceso de restauración de “La sombra del caudillo” y la incluyó en la 70 Muestra Internacional de Cine, merecido homenaje a uno de los grandes realizadores del cine mexicano. Sin duda “La sombra del caudillo” merece una segunda oportunidad y una mejor exhibición a la concedida tras la censura, a pesar de los años esta obra maestra del cine mexicano no ha perdido vigencia ni el poder de su discurso cinematográfico.

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Periodista independiente, interesado en temas culturales, como cine, teatro y literatura. Fanático de la lucha libre y otros deportes. Escritor y dibujante conceptual en la soledad.

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