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Jojo Rabbit: Ternura, emotividad, humor negro y el mejor mensaje anti bélico

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Criticas Cine

Jojo Rabbit: Ternura, emotividad, humor negro y el mejor mensaje anti bélico

Al ver una representación de quien fuera líder del partido nazi esperamos un retrato, ya sea histórico o caricaturesco, más cercano al personaje segregador y absolutista. Sin embargo, el carisma de Taika Waititi se ve encarnado en un amigable Hitler al servicio de la imaginación de un común y adorable niño de diez años, eso sí, con un tremendo fanatismo por la ideología nazi. La primera película de Waititi tras su incorporación al universo de Marvel puede sentirse, en apariencia, incorrecta por varias razones (digo, ¿la historia del adoctrinamiento de un niño nazi?). Y más en estos tiempos donde hasta decirle gordo a un gordo se vuelve un insulto.

Taika Waititi es consciente de ello y con un humor sarcástico al estilo de South Park desarrolla las desventuras de Johannes, el niño nazi de diez años también conocido amistosamente como Jojo (Roman Griffin Davis). Basada (libremente) en la novela Caging Skies de Christine Leunens, estamos en algún poblado de la Alemania Nazi, la habitación de Jojo es un “santuario” al nazismo con pósters y esvásticas que denotan el orgullo ario del pequeño protagonista. Incluso, la secuencia de créditos iniciales nos muestra ese fanatismo por el Führer como si se tratara de alguna estrella de rock con imágenes de archivo de gente extasiada en los mítines nazis mientras de fondo suena una versión en alemán de I want to hold your hand de The Beatles (si a Waititi no le interesa ser correcto, menos el anacronismo de la música).

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El pequeño Jojo vive con su madre Rosie (Scarlett Johansson), quien adopta el papel de madre soltera tras la partida a la guerra de su esposo y la muerte de su hija mayor. La atractiva y bien intencionada madre lidia con condescendencia el feroz nacionalismo de su hijo, así que le concede su viaje al campamento de niños exploradores nazis donde Jojo estará dispuesto a aprender las utilísimas habilidades de disparar un arma, manejar dagas, odiar judíos y hacer una esvástica con el cuerpo. Lo más cercano a Disneylandia para un jovencito ario. Encima de todo, el pequeño es acompañado por su segundo mejor amigo (el primero es el Hitler imaginario, obvio) Yorki (una revelación el simpatiquísimo Archie Yates). Ambos quieren demostrar ante los chicos mayores que están a la altura de ser los guardias personales del Führer, pero un accidente mandará a Jojo de regreso a casa.

Waititi ha mostrado destreza para los personajes infantiles y los conflictos de la madurez. Desde su cortometraje nominado al Oscar, Two Cars, One Night (2004), pasando por los largometrajes Boy (2010) y Hunt for the Wilderpeople (2016), se ha visto una debilidad por el coming-of-age y siempre con facilidad para evadir los sentimentalismos. Jojo Rabbit en ese sentido se asemeja a Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012) al establecer un prohibido e inocente vínculo amoroso. En el caso de Jojo, el proceso de madurez parece ir en reversa, preocupado primero por la política y la situación de su país antes de las banalidades por las que un niño de su edad se preocuparía. Lo cierto es que esto se debe a su inocencia. Una que Elsa (Thomasin McKenzie), la adolescente judía escondida en la casa de Jojo, le ayudará a darse cuenta. El protagonista quiere ser un hombre antes de ser un niño.

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La película transmite una dulzura y un encanto cuyo humor ácido evita caer en lo empalagoso. Solo una mezcla adecuada de tonos y el humor efectivamente absurdo de Waititi (hilarante la secuencia donde un grupo de personas se saludan entre sí diciendo más de ¡30 veces! “Hail, Hitler”) pueden lograr esto. Quizá, estos elementos hagan sentir minimizado, durante buen lapso de la cinta, un contexto tan serio como el genocidio. No aplica el “no importa mientras sea divertido”. Llega el punto donde se corta esta atmósfera fársica y fantástica para darnos un pedazo de realidad.

Destacable el resto del reparto conformado por Stephen Merchant como un agente de la Gestapo, al igual que Sam Rockwell como el capitán Klenzendorf, un oficial militar degradado a encargarse del campamento de niños exploradores nazis (y después otra vez degradado a un puesto administrativo), quien junto a su fiel ayudante Finkel (Alfie Allen aka Reek aka Theon Greyjoy en Game of Thrones) y Rebel Wilson como instructora del campamento son un continuo gag en orden de empatizar y humanizar un estereotipo, otorgando un elemento conciliador, el cual se aleja de ridiculizar a los nazis para ofrecer una mayor humanidad y dimensión a dichos personajes.

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Ahí, me parece, radica el mayor mérito de Jojo Rabbit: evita la clásica división entre buenos y malos; para los niños nazis los judíos no eran más que monstruos con cuernos que adoraban la fealdad y dormían de cabeza. Pero, ninguna ideología evitará que seamos diferentes, porque que lo creamos no significa que sea cierto. Jojo tiene diez años al iniciar la película, al termino tiene diez y medio y el mejor mensaje anti bélico y conmovedor en mucho tiempo.

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