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Incognito: Amargo grito de libertad del supervillano

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Deambulando entre el género negro y el pulp, Incógnito es una brutal reinterpretación del cómic de superhéroes, esta vez centrándose en la figura del antagonista por excelencia, el supervillano. La historia gira alrededor de un criminal, que luego de ser capturado y delatar a sus excompañeros, entra al programa de protección a testigos, solo para sumergirse en una apabullante vida de monotonía, y lo que es peor, tener que estar todo el tiempo medicado, para inhibir así sus superpoderes. Sin embargo, todo cambia cuando el consumo de droga, hace que sus habilidades sobrehumanas regresen a su máxima intensidad y decida escupirle al mundo en la cara. Con una narrativa poderosa, Ed Brubaker y Sean Phillips –responsables del guion y el dibujo-, aquí desarrollan un discurso inteligente y descarado, cáustico a más no poder. Con una pasmosa habilidad, ponen al lector directamente del lado del supervillano, le vuelve su cómplice e incluso, por momentos le orilla a justificar sus violentas acciones. En Incógnito, el protagonista se convierte en una especie de retorcida conciencia social, un oscuro e irredimible revolucionario, impulsado por la amargura, que de forma despiadada, pone en evidencia la doble moral y exige la libertad de gritarle al mundo su incapacidad para ser honestos consigo mismos. El concepto visual no podría ser más adecuado, con marcados contrastes de luz y colores deslavados, ofreciendo visiones urbanas casi fantasmales. Se trata de una pieza dirigida evidentemente a un público adulto, que gusta de historias trasgresoras. Fue nominada al Premio Eisner, como mejor serie limitada.

INCOGNITO / 2008-2009 / Icon Cómics/ Miniserie

Por Jesús Chavarría
@jchavarria_cine
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Kafkiana: La visión estrambótica de Peter Kuper

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A través de ciertos valores estéticos y sociales, una corriente literaria puede ser el punto de partida para dar contexto una época. No obstante, hay obras y autores cuya característica es su atemporalidad, tal elemento les hace trascender la barrera espacio-tiempo. A casi un siglo de distancia, la obra de Franz Kafka (1883-1924) se mantiene vigente, la curiosa atemporalidad de su estilo literario ha generado empatía con lectores de varias generaciones. Reaccionario y transgresor, gracias a una profunda disección de las relaciones familiares y la conciencia humana, su ácida crítica hacia la burocracia y una temeraria expedición a los recónditos espacios de la mente, el escritor checo es referente de la cultura popular. Su influencia ha permeado, lo mismo en el discurso filosófico de Jean Paul Sartre, en el mundo fantástico de Jorge Luis Borges y en la melancólica y sombría obra gráfica de Alan Moore, que en la visión cinematográfica de de grandes realizadores, como el expresionista Robert Wiene, hasta posmodernos como David Lynch, David Cronenberg y David Fincher. El artista gráfico Peter Kuper (“Spy vs Spy”, “The System”, “Teo y la nota azul”, “Stop Forgetting To Remember: The Autobiography of Walter Kurtz”, “Ruins”, entre otras) vislumbra en “Kafkiana”, novela gráfica editada por Sexto Piso, una versión libre de algunos textos de este genio literario y al mismo tiempo un acercamiento al arte de la época de Kafka, una vanguardia expresionista de talentos como Käthe Kollwitz, George Grosz y Otto Dix.

Con una estética repleta de texturas rasposas y claroscuros, Kuper eligió la técnica de esgrafiado (papel cubierto de tiza que se puede raspar y entintar) para acercarse al arte de la xilografía, técnica de grabar imágenes en una plancha de madera en relieve. A partir del imaginario kafkiano, el también colaborador de Times Magazine y MAD, rinde tributo a artistas como Frans Masereel y Lind Ward, creadores de relatos ilustrados en xilografía y precursores de la novela gráfica, y Winsor McCay y Lyonel Feininger, creadores de las primeras tiras cómicas en diarios, cuya aparición se presume coincide con el proceso creativo en el que Kafka realizó varios de sus relatos y con el espíritu libertario de su obra. La novela gráfica de Kuper es una de esas joyitas del arte gráfico, no sólo por su trabajo artesanal, sino también por el minucioso traslado (o metamorfosis, parafraseando al autor checo) del lenguaje narrativo al lenguaje visual, titánica labor en la cual el artista recurrió a un traductor alemán para encontrar un punto de vista fresco y una aproximación precisa a los relatos en el idioma original. Bienvenidos a “Kafkiana”, un mundo de diversos significados visuales, cuya relectura invita al lector a asomarse a sus propios fantasmas y sus demonios interiores.

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