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Fantasia 2021: Sexual Drive, la comida como objeto sexual

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Sexual Drive, dirigida por Kota Yoshida, lleva el término food porn a terrenos bastantes literales. La película, vista durante esta edición del Fantasia Film Fest, es sobre dos placeres básicos de nuestra naturaleza, la comida y el sexo. Pero con la particularidad que no hay nada explícito. Yoshida nos lleva por este viaje erótico-gastronómico sin un solo segundo de desnudez y a través de tres historias relacionadas -además, obviamente, de la temática- por un personaje en común el Sr. Kurita (Tateto Serizawa), una especie de Moguro Fukuzou (The Laughing Salesman), pero patético, que va por ahí “aleccionando” gente.

 

Natto

Un hombre descubre que probablemente su esposa lo está engañando. Aprovecha que la esposa estará trabajando hasta tarde, para contactar al amante y esclarecer las cosas. Es aquí cuando entra en escena el Sr. Kurita, quien aparece en el departamento del marido con las secuelas de un derrame cerebral -es incapaz de mover bien sus extremidades-. Lo que parece ser una civilizada charla entre adultos se va convirtiendo en algo demencial. Kurita le cuenta todos los detalles de su aventura con la esposa, el hombre, entonces, va entrando en una desesperación cada vez más evidente. Sin embargo, el verdadero caos llega cuando Kurita encuentra un envase de Natto en la basura.

Este platillo milenario japonés es hecho a base de soya fermentada, fácil de hacer y muy nutritivo. La esposa tiene un gran gusto por él. Kurita entra en detalles más específicos relacionando el Natto con la entrepierna de una mujer: compara el penetrante olor y la viscosidad de este platillo con la lubricación sexual femenina. Kurita no se detiene ahí, este alimento tiene un sabor bastante exótico, así que en una clara descripción de sexo oral alude a que tanto el sabor de la vagina como el del Natto son un gusto adquirido. Ya se imaginará la desesperación del pobre esposo.

 

Mopu Tofu

Una joven mujer padece de ataques de pánico. Un día decide aventurarse a tomar el auto e ir al súper por un poco de Mopu Tofu en oferta. En su trayecto atropella a un hombre, es otra vez el Sr. Kurita quien le pide como compensación que lo lleve a su casa. Obvio, el trayecto no es nada agradable para la mujer. Nuestro extraño protagonista asegura que eran compañeros en la secundaria. Ella era muy callada, pero él lo era aún más. Todos lo bulleaban y ella también lo hacía para ser aceptada por el grupo.

Cuando la conversación aún era amigable, Kurita menciona que el Mopu Tofu que venden en Japón no tiene nada que ver con el verdadero proveniente de China. Según dice, el Mopu Tofu original una experiencia inigualable y hasta masoquista debido a su sabor muy picante. Después de que nuestro extraño protagonista le recuerda esos viejos tiempos escolares a la mujer, le ruega por otra tortura más. Incluso, le pide que lo vuelva a atropellar. Kurita se describe como un masoquista y compara a la mujer con el picante platillo chino: su verdadero ser es uno bastante agresivo, no la versión japonesa, en el caso del Mopu Tofu, o adulta, en el caso de la chica, las cuales son hipócritamente inofensivas.

 

Ramen con extra carne dorsal

El tercer y último segmento es sobre un trajeado hombre de negocios quien es chantajeado por Kurita diciéndole que tiene secuestrada a su amante, si la quiere viva y, además, que la esposa no se entere de la aventura, solo tiene que hacer lo mismo que hizo su amante cuando el hombre la dejó plantada en un bar. Dichas acciones tienen que ver con la visita a un modesto mini restaurante de Ramen, con el cual la amante se topó en su regreso a casa tras su fallida cita.

Es inevitable no recordar aquel episodio de Seinfeld, El Nazi de la Sopa, sobre un pequeño y exitoso local cuyas reglas tienen que ser seguidas al pie de la letra por lo clientes para comprar alguna de esas inigualables sopas. Bueno, este segmento sigue la misma línea con un negocio de Ramen donde se tiene prohibido hablar mientras se come (eso sí, se puede sorber y gemir a alto volumen), lo cual no es necesario porque los alimentos servidos allí son tan deliciosos que la experiencia se asemeja al sexo. Tal es el caso de la amante, quien tras terminar su Ramen con extra grasa dorsal quedó tan excitada que estaba dispuesta a acostarse con quien sea. Para suerte de ella, Kurita estaba por ahí.

 

Sexual Drive desarrolla sus historias con cierta ambigüedad lúdica. No queda tan clara la veracidad de lo que Kurita le dice a sus víctimas, pero vaya que provoca una notable reacción en ellos. A fin de cuentas, todo se relaciona con el deseo y el placer, conceptos de los que todos hemos sido víctimas, ya sea por hambre o sexo. Necesidades básicas que Kurita pone a prueba según los respectivos contextos. 

A pesar que no hay nada explícito, Yoshida maneja las historias con bastante erotismo pero también con algo de retorcido humor. Tras los apenas 70 minutos de metraje, nos queda la sensación de ir a la cocina por algo de comer.En general, Sexual Drive es un gran ejercicio sobre el deseo.

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