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El Misterio de Silver Lake, un insatisfactorio thriller con más ideas de las que necesita

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La segunda película de David Robert Mitchell, It Follows (2014), no sólo le dio la notoriedad suficiente para contar en su siguiente largometraje con los jóvenes talentos de Hollywood, Andrew Garfield y Riley Keough; también que tanto la crítica como el público esperaran con ansías su próximo trabajo, Under The Silver Lake. Llegando, incluso, a ser uno de los highlights en diversos festivales donde destaca su participación por la Palma de Oro en Cannes.

Se trata de un trabajo ambicioso en temática, un thriller conspiracional lleno de guiños y referencias que interactúan con Hitchcock, Lynch, Thomas Pynchon, Charles Burns, entre otros. Para infortunio de Mitchell toda esta acumulación de cultura pop e intelectualidad no llegan a ningún lugar. Lo que intenta postular parece rebasarlo, nos lleva al mismo sitio que su protagonista: un insatisfactorio “callejón sin salida”.

Sam (Andrew Garfield) es un joven desempleado quien vive en Los Ángeles, específicamente en el barrio hípster de Silver Lake. El protagonista pasa su tiempo viendo cómo su vecina riega sus plantas en topless, leyendo sobre teorías de conspiración y de vez en cuando recibiendo visitas de una chica para sexo casual. La improductiva rutina de Sam se ve interrumpida por la llegada de una nueva vecina, Sarah (Riley Keogh), una joven chica que, como la gran mayoría de los jóvenes allí, aspira a la vida hollywoodense. Tras una amistosa reunión entre ellos, Sarah desaparece convirtiendo a Sam en una especie de detective improvisado con el fin de averiguar qué sucedió.

Desde aquí el protagonista de El Misterio de Silver Lake remite a una mezcla de Doc Sportello de Inherent Vice y a The Dude de The Big Lebowski (Hermanos Coen, 1998) en un ambiente tipo Mulholland Drive (Lynch, 2001) combinado elementos de suspenso de Hitchcock. Esto, al parecer, de forma deliberada: muchas de las locaciones, incluyendo el departamento de Sam, se encuentran decoradas con posters de diversas películas, además que las menciones directas a la cultura popular son frecuentes. El problema es que el personaje de Garfield no es ni la mitad de interesante que Sportello o The Dude, y la historia de conspiraciones nunca termina de cuajar, ni la atmósfera se siente tan satisfactoriamente desconcertante como en una película de Lynch.

Los extraños acontecimientos que atraviesa Sam en su travesía se sienten anecdóticos, como una serie de sucesos que se encuentran para después desecharlos. En cierta secuencia, como parte de una teoría de conspiración global, conocemos a un exótico hombre que asegura ser el responsable de todas las grandes canciones de las últimas décadas, una rama de la investigación de Garfield que, a pesar de su carácter cómico, se siente irrelevante.

Under the Silver Lake
se mantiene por los bordes de un neo-noir funcional. Sin embargo, existe una intención reflexiva que se tambalea con caer en una insatisfactoria conclusión. Pareciese que después de todo, el protagonista no aprendió nada, no resolvió nada, ni tampoco consiguió nada, estuvimos en un viaje que no llegó a nada. Mas que a una serie de ideas que se desbordaron en presunción.