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El Médico

En algún momento de nuestra vida buscamos a ese profesional que nos ayudara a salvar nuestra vida o la de un ser querido, ahora el director Philipp Stölzl trae la adaptación cinematográfica del best-seller homónimo de Noah Gordon “El Médico” (“The Physician”), una cinta de reflexión sobre esta carrera.

Stolzl no ha dudado tampoco en hacer grandes panorámicas de sus escenarios, mostrándonos desde desiertos a fortalezas, y pasando por preciosas laderas al borde del mar o pueblos ingleses de mala muerte, todo ello con una composición en la que se nota el ojo y un tratamiento de la fotografía muy cuidado. Gracias a la época, habrán unos cuantos chistes o comentarios propios de las circunstancias en unos años en los que la medicina, si curaba, era brujería, y su manera de tratar era amputando miembros o haciendo al paciente beber un brebaje inventado.

El papel principal ha recaído en Tom Payne, un actor que no conocía antes de esta película, y que pese a que en un primer momento pensaba que iba a ser más insulso, acaba convenciendo por mostrar una interpretación muy humilde y concreta, sin irse mucho por las ramas ni intentar gustar, sino que más bien se nota que el hombre se divertía haciendo su papel, que eso sí, le ha dado para mucho en las dos horas y media de metraje, dando lugar a una evolución bastante convincente de su rol. Igual echo en falta más riesgo en su papel, ya que en ciertos momentos creo que le hubiera venido bien una propuesta más oscura de su personaje, por todo lo que acontece en el filme, y noto que en ciertas partes no está todo lo metido en su rol que debiera, pero aún así, ha hecho una interpretación atractiva y crea simpatía con el espectador.

Stellan Skarsgard no es que salga mucho en el cinta, pero ha hecho un gran trabajo de adaptación para un papel que le exigía los contrastes de hombre que ejerce de mentor sin querer serlo, que quiere sin querer hacerlo y que debe creer cuando lo da todo por perdido. Skarsgard tiene también una de las escenas más dramáticas y complicadas de la película, y verle resulta todo un lujo, ya que se muestra en el actor una faceta muy humilde y de descubrimiento, que siempre es de agradecer en pantalla. Olivier Martinez tiene también un rol que le viene que ni pintado, y con ello, crea a un hombre despiadado y que impone, a lo que se une que ha sabido darle algún matiz ambiguo a su personaje. Si bien, tampoco es que de mucho de si, y en algún parlamento realmente interesante de su rol, se echa de menos más arrojo del actor en interpretarlo, ya que parece que cuando todo está dispuesto para ser memorable, queda algo en el aire la porte que ofrece, aunque aún así, hace un papel bastante correcto.

La situación con Ben Kingsley, perdón, Sir Ben Kingsley, es algo más complicada. No cabe duda alguna del valor actoral de Kingsley, todo un monstruo de la pantalla, un actor como los de antes, que se lo toma en serio y en el que no sé si los directores se atreven a cuestionar su trabajo, ya que puede estar sentando cátedra. Es por ello que su rol en ‘El médico’ demuestra su profesionalidad delante de las cámaras, pero desde mi punto de vista, no aporta tampoco nada nuevo de lo que nos tiene acostumbrados. Con ello quiero decir que su manera de actuar y de dar vida a su personaje, me recuerda enormemente a otros papeles suyos, casi como si fuera un estándar para Kingsley, y pese a que está correcto, que siempre lo está, no veo una aportación fuera de lo común para su registro, por lo que su papel no es para mí un referente en su carrera, pero no por ello deja de ser efectivo.

Nos encontramos pues ante un cine clásico, una gran historia, larga y con mucho texto, que nos llevará a diferentes ubicaciones, habrá amor de por medio, batallas, filosofía y medicina. La medicina, claramente, es el tema más importante, y la verdad es que es bastante interesante el ver cómo se planteaba antes, y las posibilidades que da un personaje más curioso con la anatomía humana. Supongo que lo más divertido es ver a unos personajes tan convencidos en algo que ahora el espectador sabe que es erróneo, y como sigue la evolución del filme hasta que poco a poco comienzan a abrir los ojos.

El problema es que dos horas y media de metraje, con muchas escenas que no llegan a ser del todo relevantes para la historia, demuestran que el filme tiende a enseñar todo desde muy el principio y poco a poco evolucionar, en lugar de dar más importancia al trabajo de los actores en crear la atmósfera que pretende el director. Me refiero a que es posible quitar diez minutos de metraje en enseñar cómo los amigos salen de fiesta sin nada que aportar, y en su lugar enseñar a los mismos protagonistas el día después con resaca y alguna mirada cómplice. En mi opinión eso es más sutil y crea más relación que quince minutos de otras escenas que aportar, aportan poco.

Juan Hernández (@JhzCastillo)

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