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Cine

Días de verdaderos héroes de Acción, los Stunts mexicanos 1ª Parte

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Toda la gente le está observando, cada uno de sus pasos sobre la cornisa aumenta más la tensión, son más de diez pisos los que le separan de su destino, en pocos minutos habrá de arrojarse al vacío. Antes por supuesto, se prenderá fuego, convirtiéndose en una antorcha humana. Después de una mirada al cielo, se concentra y espera la señal. Es entonces que en sus ojos vuelve a parecer un brillo de sorpresa y emoción, el mismo que aparecía cuando de niño, disfrutaba de las aventuras de los héroes de las películas. Episodios increíbles llenos de explosiones, persecuciones, saltos en paracaídas y otras hazañas parecidas, que impactaron su imaginación. Las mismas que ahora forman parte de su vida cotidiana. No importa si tiene que montar a caballo, manejar un auto o una lancha, empuñar una espada o atravesar un muro en llamas, el se hace cargo, siempre está listo para la acción, es el hombre adecuado en el momento indicado.

CORRE CÁMARA…

Estamos hablando de Balo Bucio, quien trabaja como doble de riesgo, es decir, es uno de los especialistas en hacer posible lo imposible. El mismo que al ser cuestionado sobre las escenas en las que participa, sonríe y comenta -Es como estar en Disneylandia- En su rostro alargado, de pómulos grandes y de facciones duras, se dibuja un gesto que denota cierta ilusión, lo que contrasta con su actitud de sobriedad a la hora de hablar de precisiones en cuanto a su trabajo. Es un sujeto de más de 1.80 de estatura y 88 kilos de peso, con un físico evidentemente fuerte, pero sin llegar a ser demasiado corpulento, por el contrario, parece ser alguien bastante ágil. Si hubiera que compararle con el arquetipo de algún deportista, sería con el de un basquetbolista, uno de los menos altos por supuesto, de aquellos que juegan como armadores. Nuestra plática transcurre en lobby del estudio de grabación en dónde su novia, que es cantante, se encuentra sumergida en la producción de un disco. Mientras nos acomodamos en un par de sillones, me llama la atención el semblante de Balo, tranquilo y amigable, un tanto diferente a lo que uno pudiera imaginarse de alguien que se dedica a arrojarse de árboles y edificios o atravesar paredes en vehículos a toda velocidad.

Su nombre no aparece en los carteles, y dado que la mayoría del publico en general se levanta de sus asientos antes de que terminen de correr lo créditos finales, pues hay poca conciencia con respecto a la magnitud de su trabajo, sin el cual, el resultado en pantalla no sería tan espectacular. Es gracias a gente como él, que actores como Antonio Banderas, Silvester Stallone, Ron Pearlman, Javier Bardem, Mel Gibson y otros más, no tienen que correr riesgos innecesarios que pudieran provocar un accidente que detuviera la filmación de verdaderas superproducciones. Aunque hay que mencionar que a veces, gente como el mismo Banderas, demuestran una gran capacidad para las escenas de combate. Balo recuerda como el actor español, fue capaz de memorizar en tan solo un par de días, una coreografía con espada de más de treinta y cinco golpes, una que ellos tardaron en preparar casi dos semanas –es un actor muy disciplinado- comenta –De los actores con los que he trabajado, es uno de los que más recuerdo-

La señal llega, se oye el grito de ¡Acción! y Balo, con la ayuda de uno de sus compañeros, prende fuego a su traje especial impregnado con un líquido preparado especialmente para conseguir una llamarada del tamaño y color adecuado para que la cámara lo capte sin problemas. El fuego es increíble, da una vuelta y media sobre su eje, tambaleándose en la cornisa, para luego caer dramáticamente. El viento pega en su cara hasta ser recibido por unos gigantescos colchones colocados estratégicamente para amortiguar el impacto, de inmediato se escucha a alguien gritar corte, y mientras suena los aplausos, Balo se levanta mientras sus compañeros sofocan el fuego con mantas especiales. Todo termina bien, un nuevo reto es superado. Pero esto solo es parte de la gran aventura en que convirtió su vida y que empezó mucho antes de sus participaciones en películas hollywoodenses como La máscara del Zorro dirigida por Martin Campbell, o producciones nacionales como Bandidos de Luis Estrada y Amores Perros de Iñarritu. En ese entonces por cierto, las caídas eran amortiguadas por una buena cantidad de cajas de cartón, una forma algo rústica de resolver la situación. Afortunadamente las cosas han ido cambiando, las condiciones de trabajo hoy son otras y en esto, mucho han tenido que ver Balo y su hermano Julián.

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Fue hace varios años, allá por la década de los 80s, cuando Balo aceptó su primer trabajo, este consistía en lanzarse de una carreta, vestido con sombrero, chaqueta y botas, como parte del espectáculo que ofrecía El pueblo vaquero, en el extinto parque de diversiones Reino Aventura, hoy reinventado como Six flaggs. El equipo responsable del espectáculo se había ido a filmar la aventura en turno de James Bond, Con licencia para matar, y había que cubrirles. Fue ahí que se dio cuenta que a diferencia de otros chicos de su edad, tenía poco más de 17 años, su lugar no era aplaudiendo, si no participando de la acción. Para ese entonces él ya tenía algunos meses entrenando en una escuela de los estudios Churubusco, especializada en entrenar a los que en Estados Unidos llaman Stunts.

Ya tomada su decisión, tuvo que platicarlo con sus padres, pues aunque el siempre fue muy independiente, no hay nada como contar con el apoyo familiar. Ellos por supuesto vieron con cierto recelo su nueva profesión, a pesar de que su hermano mayor, ya tenía algo de camino recorrido en ella, esta implicaba no solo el riesgo físico, sino una gran incertidumbre en cuanto a los ingresos económicos. Pero para Balo esto representaba aventura, emoción y la posibilidad de evitar los convencionalismos de ciertos trabajos en dónde tendría que usar traje y corbata todos los días. Ciertamente hoy podemos verlo con el cabello un poco largo, vistiendo mezclilla y un jersey. Bueno, finalmente sus padres dieron su venia, con la única condición de que terminara la escuela. Esto no llegaría a suceder, y es que el arrojo e irreverencia de Balo Bucio también se extiende a su vida diaria. El quería independizarse, tener su propia casa y pagarse sus gustos, así que ya no terminó la escuela, por lo menos no la que todos conocemos.

Comenzó a tomar cursos para especializarse, el combate escénico y el esgrima artístico, se volvieron parte de su rutina diaria, esto mientras perfeccionaba las caídas de gran altura y aprendía a manejar motocicletas. Y es que si algo no tiene lugar a la hora de resolver las escenas de riesgo frente a las cámaras, es la improvisación. Cualquier cosa dejada al azar puede traer graves consecuencias. Eso lo sabía de sobra, él estaba presente aquella mañana cuando su hermano recibió la noticia de la muerte de uno de sus colegas. Era un stunt español, que debido a descuidos y negligencias, perdió la vida filmando una escena. El conducía un auto mal preparado, con el tanque de gasolina lleno, cuando usualmente no se llena ni la mitad, o se cambia por uno muy pequeño. Durante su recorrido el vehículo se atoró en una jardinera y se incendió. Aún lograron sacar al hombre con vida, quien todavía estuvo internado de gravedad en un hospital, resistiendo gracias a su fortaleza y enormes ganas de vivir, pero al final no pudo más y falleció. Una trágica advertencia de lo que sucede cuando la preparación no respalda el trabajo.

Por eso Baló se ha entrenado durante años, para participar sin lastimarse, en caídas libres, combates cuerpo a cuerpo, y conducir diversos vehículos a toda velocidad. También aprendió a montar a caballo y por supuesto, a prenderse fuego, algo que puso varias veces en práctica cuando se encargó de doblar a Javier Bardem, durante la filmación de esa pequeña joya dirigida por Alex De la Iglesia, Perdita Durango. En fin, toda una serie de conocimientos que bien podrían colocarle a la altura de los héroes fílmicos a los que le ponen rostro las grandes estrellas fílmicas. A lo qestoue hay que agregar el necesario manejo del idioma inglés, ya que gran parte de su trabajo es en producciones hollywoodenses. Pero eso no es todo, porque también aprendió otra regla de oro, que la mejor forma de tener la certeza de que sus herramientas de trabajo son seguras, es haciéndolas el mismo, así que también se preparó en el manejo y adaptación de artefactos como el bungee jump; un impulsor neumático llamado el airram; su contraparte el ratchet, que es un retractor que sirve para recrear el salir volando por los aires durante las explosiones; el russian swing, un trepidante columpio que en lugar de un asiento, trae una plataforma en la que pueden estar de pie varias personas, entre otros.

 

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Claro, todo lo anterior, visto desde afuera, suena muy divertido, pero así como para los actores de teatro, que dicen que “cada ficción es un juego, pero un juego muy en serio”, para Balo, su trabajo es hacer que todo resulte lo más seguro posible, a pesar incluso, de que las productoras mismas, procuren escatimar recursos. Pero una vez que todo está listo y ha sido revisado hasta el cansancio, Balo ya puede darse el lujo de entrar en el juego y divertirse como niño en un gran parque de diversiones, uno en dónde sabe que cada engrane, cuerda, tornillo, remache, etcétera, funciona. Solo así es que además de hacer su trabajo lo mejor posible, puede también disfrutar haciéndolo. Así como aquel día durante una filmación en una mina…

EN FLASHBACK

Era la película de La máscara del Zorro, Balo tenía que esperar en una de las literas de una enorme estructura de madera, hasta que un jinete llevara a su caballo al límite y tocara con sus pezuñas la orilla. Entonces él tendría que lanzarse hacia un lado y rodar para que todo cayera entre polvo, piedras y un gran estruendo. Fueron instantes de incertidumbre y adrenalina, con su respiración contenida y el corazón a cien. Una sensación incomparable. El saber que todo dependía de un movimiento suyo, uno de suma precisión, no era cualquier cosa. A lo que además había que agregar los riesgos normales a la hora de filmar este tipo de secuencias, en dónde por más meticuloso que sea, siempre existe un factor de riesgo. En este caso, las literas caerían una sobre otra. La señal llegó, todo sale como se había planeado, la palabra corte fue el preludio para los aplausos, indicando que la escena había resultado perfecta. Aplausos que no son sino un breve y efímero reconocimiento para uno de los verdaderos hombres de acción. De esos que son responsables de que las secuencias de acción de las películas, sean las más efectivas y espectaculares.

Pero después de tantas explosiones, persecuciones en mar y tierra, en auto o a caballo, hay algo inevitable, y es el paso del tiempo. Al comentarlo, en el rostro de Balo se asoma un poco la nostalgia -Estoy consciente de que los años no pasan en vano, poco a poco, he ido disminuyendo de forma natural el grado de exigencia física. Es algo similar a los futbolistas que, pasados los treinta años, comienzan a disminuir su ritmo- Hoy, aunque aún es una persona fuerte, también es cierto que ya no es el adolescente que brincaba de las carretas en el Pueblo Vaquero de Reino Aventura. Debe explorar nuevos horizontes y su siguiente paso es el convertirse en uno de los mejores coordinadores de escenas de acción, algo que ya ha experimentado en películas como Resident Evil Extinction y Man on Fire. Una nueva aventura que así como representa grandes retos, también implica una mayor responsabilidad, pues ahora su trabajo ya no será solo cuidar de su seguridad, si no de la de otros de sus compañeros de trabajo. Como siempre, él está preparado, como todo buen Stunt que se digne de serlo. Además, según nos comentó, aún está en busca de ese proyecto de cine mexicano que no tenga ataduras en cuanto a presupuesto, ese que le permita dar rienda suelta a las más espectaculares y divertidas escenas de acción. Esperemos llegue algún día. Nuestra charla termina. Mientras nos despedimos, su novia sale a tomar un descanso de la grabación del disco, es evidente la química que tienen como pareja. Así es como dejamos a Balo, un sujeto que con razón puede decir que es afortunado –y es que vivo de hacer lo que más me gusta-.

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LISTOS TODOS…TOMA 2…

El motor esta encendido, hay mucha gente alrededor, hay luces iluminando toda el área, la tensión inunda el ambiente. Él está sujeto al asiento del auto, con el casco puesto y con el corazón latiendo fuertemente, solo escucha su respiración y se concentra en la señal indicada para el arranque. Todo ha sido revisado a detalle y no debe haber ningún problema, el auto esta especialmente arreglado para este tipo de situaciones. El asiento del conductor protegido por una jaula de metal, es uno tipo Nascar, fabricado exactamente a su medida, se ajusta perfectamente a su cuerpo –Como un zapato a un pie- comenta al ejemplificarlo.

La escena es la culminación de la secuencia en que los protagonistas, Jaque, el Mudo y Rubén, alias “Mascarita”, se ven involucrados junto con un secuestrador, en una trepidante persecución de autos con tiroteo incluido, que culmina en pleno Estadio Azteca. Después de derribar cercas y protecciones, uno de los autos irrumpirá volando por los aires, estrellándose a mitad de la cancha. Es parte de Matando Cabos, una de las películas más espectaculares del cine mexicano.

Para la realización, de inicio el director de segunda unidad, sugería que el auto fuera remolcado por cables y sin conductor, el mismo David Barret, norteamericano dedicado a resolver secuencias de acción, traído para la cinta, dijo que era imposible que alguien lo condujera. Pero Julián Bucio, coordinador de stunts, insistió en que se podía hacer, además de que sabía que era la única forma de que todo saliera tal y como estaba descrito en el story board. Obviamente, el responsable de ponerse al volente tenía que ser él –Nunca le pido a nadie que haga algo que yo mismo no haya experimentado primero-

Falta poco para que empiece, Kristof y algunos otros de los actores le observaban expectantes. Todavía, antes de subir al auto, Julián se dio tiempo para hablar brevemente con sus hijos ahí presentes, y es que a pesar de que todo se preparó minuciosamente, fueron casi tres semanas de trabajo, nunca se sabe, siempre puede pasar algo. Durará solo unos minutos, pero será uno de los grandes atractivos de la cinta, sobre todo si tomamos en cuenta que se trata de una producción mexicana. No es común este tipo de escenas en nuestro cine.

Es de noche, unos segundos más de espera. Enfrente esta la rampa adaptada para que pueda saltar el auto. Siete cámaras repartidas estratégicamente, listas para captarlo todo. Hay técnicos checando hasta el más mínimo detalle, uno de ellos se coloca frente a él, es quien le indicará cuando arrancar. Hay algo de miedo como siempre, pero es un miedo enfocado -ese que te hace mantener alerta- nos dice. En su cabeza resuena una sola palabra, seguridad, es lo que más tiene presente a la hora de realizar su trabajo, ya sea dentro de un auto listo a salir disparado a toda velocidad o la hora de hacerse cargo de coordinar a otros de sus compañeros durante las escenas de acción. Así es Julián, quien con casi treinta años de carrera, ha formado a muchos de los Stunts que actualmente están activos, además de servir de guía para muchos otros, incluyendo a su hermano Balo. La adrenalina recorre sus venas a la hora de filmar, pero el sabe que no puede dejarse ir, siempre debe estar consciente de cada cosa que tiene que hacer, hasta el último segundo.

Se escucha a alguien gritar -¡Luces! ¡Cámara!-, el motor ruge y el auto arranca a toda velocidad, el pasillo apenas tiene espacio para que pueda pasar, las puertas y las salpicaderas rozan las paredes sacando chispas, Julián mantiene firme la dirección, listo para entrar en el estadio, el auto emerge del túnel y sale volando en una imagen increíble que parece congelarse por un momento, se estrella con las butacas, hasta que después de dar varios giros, cae y termina su recorrido en mitad del campo de fútbol -¡Corte!- El director y el resto de los presentes gritan de júbilo y respiran aliviados cuando ven a Julián sacar el brazo por la ventanilla indicando que está bien. Algunos corren a ayudarle a salir del armatoste que está hecho pedazos. Los aplausos no se hacen esperar, sus compañeros le felicitan y su esposa lo abraza. Está hecho, la filmación de una de las escenas más espectaculares del cine mexicano llega a buen término. Las cámaras registraron todo. Fue un instante único e irrepetible, que al final le dejó la satisfacción de haber hecho su trabajo de la mejor forma.

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Así lo recuerda quien, contrario a lo que pudiera pensarse, tomando en cuenta a lo que se dedica, es alguien poco expresivo a la hora de referirse a su trayectoria. Con su 1.85 de estatura y sus 94 kilos de peso, que le hacen verse sumamente corpulento, bien podría pasar por un veterano jugador de fútbol americano, es afable, pero cauto al hablar. Al preguntarle sobre cual película de las que ha formado parte, le ha dejado algún recuerdo especial –Todas son especiales- me dice. Yo insisto -Pero debe haber alguna que recuerdes más- a lo que agrega –No, son muchas, todas especiales- su respuesta es contundente como su trabajo. Se queda serio por un momento, su gesto toma un aire de severidad, mismo que se acentúa debido a su bigote y su ceño fruncido. Nos acomodamos en el comedor del set, hay poca gente, pues la mayoría está atenta a la filmación. Nuestra conversación se lleva a cabo mientras Julián espera el momento de comenzar a hacer su trabajo, es el coordinador de las escenas de acción de la nueva película de Luis Mandoki. Cuya locación en este caso, se ubica en la Colonia Lorenzo Boturini, en el corazón de la Ciudad de México.

CORTE A…LOS INICIOS

Ni de adolescente, y mucho menos siendo niño, nunca se le ocurrió que a esto habría de dedicar su vida. Si, los deportes siempre la habían gustado, pero nada comparado con lo que implica ser un stunt. Sería gracias a una superproducción, en la que tuvo oportunidad de participar como extra, que la magia del cine le atraparía para nunca dejarle ir. Se trataba de la película Dunas, si, aquella adaptación de la famosa novela del mismo nombre que fuera dirigida por David Linch, y que más allá del resultado, marcó para siempre la vida de Julián y de quien sabe cuántas gentes más.

Fue durante dicha filmación, que Raúl Martínez, un experimentado Stunt, le invitó a formar parte de un recién formado grupo de especialistas en resolver secuencias de acción. El tenía 21 años, era 1983 y la escuela era su principal actividad, amén de trabajar en bares y restaurantes, lo que le permitía tener algún ingreso económico, pero nada como el ambiente seductor del cine, así que aceptó.

Si en principio no estaba convencido, conforme empezó a entrenar se fue convenciendo de que este era su camino. Con cada caída de altura bien resuelta, con cada combate cuerpo a cuerpo bien coreografiado, con cada acrobacia en motocicleta terminada, iba descubriendo su verdadera vocación.

SABER MORIR MÁS DE UNA VEZ…ACCIÓN!

En uno de los edificios del Palacio de Lecumberri, fue uno de sus primeros grandes trabajos. Era una caída de gran altura, como parte de una secuencia para On Wings of Eagles, producción protagonizada por Burt Lancaster. La historia trataba sobre el rescate de unos norteamericanos presos en Irán ¿Quién lo diría? Esa celebre construcción mexicana, se convirtió por unos instantes, en uno de los belicosos parajes del medio oriente. En ese entonces él tenía poco tiempo como doble, pero el lanzarse sin problema de grandes alturas ya era una de las especialidades que dominaba. La forma de impulsarse, el control del cuerpo en el aire, todo calculado. Y de ahí en adelante, más de doscientas películas, toda clase de ficciones fílmicas le permitieron convertirse en cientos de personajes. El exceso fue Open Fire, una cinta de guerra que tenía en el reparto al mismísimo David Carradine, en dónde debido a la falta de presupuesto para contratar una conveniente cantidad de extras y stunts, Julian tuvo que realizar sesenta muertes diferentes, ni más ni menos.

Aunque para él todas las especialidades le representan un gusto muy particular, cuando se le cuestiona cual es la que disfruta más, no puede evitar esbozar una sonrisa y referirse a montar a caballo. Pero, más allá de eso, también sabe que debe mantenerse al día. Por ejemplo, actualmente en la industria cinematográfica, hay varias secuencias que no se podrían resolver sin el uso de cables, una técnica que en México no existía y que en base a su experiencia en producciones extranjeras, Julián comenzó a desarrollar. Hoy después de 15 años de trabajo, puede decir con orgullo que el uso que hace de la misma, le pone al nivel de cualquier experto del mundo. Esto a pesar de que el cine mexicano, durante muchos se apostó por invertir lo menos posible a la hora de realizar las secuencias de acción, algo que según el mismo nos comenta, poco a poco ha ido cambiado -Hoy los directores cada vez son más ambiciosos en ese sentido-.

Pero aún se acarrean otros vicios, como el hecho de que la ignorancia sobre su trabajo, haga que en algunas producciones, pretendan que trabaje sin que se respeten las medidas de seguridad y con la improvisación como sistema. Esas son otras dos de sus batallas profesionales, a las que hay que agregar la necesaria búsqueda de salarios adecuados. Y es que Julián, también es conocido como uno de los precursores de la dignificación del trabajo del Stunt. Durante muchos años tuvo que batallar contra productores irresponsables, los mismos que durante la década de los 80s llevaron al cine mexicano al desastre. Él fue uno de aquellos que se negaron a trabajar en esas condiciones, lo que por supuesto le representó una perdida económica, pero más valía darse la vuelta y seguir con su integridad física y profesional intacta, que hacerse cómplice del asesinato de una industria.

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Así pues, los Stunts que decidieron no formar parte de tal infamia fílmica, se refugiaron trabajando en producciones extranjeras. Pero aún tenían que lidiar con otro gran problema, el sistema de contratación que estaba lleno de omisiones y por lo general los dejaba totalmente desprotegidos. Esto debido a que todo se hacía a través de los dos sindicatos a los que pertenecían, el de Técnicos y Manuales, y el de actores mejor conocido como la ANDA, en dónde había un gran desconocimiento con respecto a su profesión. De hecho, no existía un área enfocada en específico a los stunts, quienes llegaban a los rodajes casi en calidad de extras, los responsables de llevarles no sabían las especialidades de cada uno de ellos, mucho menos lo que no eran capaces de hacer, poniendo en riesgo tanto su trabajo como su seguridad. A esto había que agregarle que estaban a expensas de los coordinadores de acción extranjeros y tenían muy poco rango para desarrollarse, que muchas veces no tenían los lugares adecuados para prepararse antes de una filmación, ni un seguro médico de acuerdo a sus necesidades. Por si lo anterior fuera poco, la intervención de los sindicatos también implicaba que a la hora de hacer los contratos, se mezclaran intereses políticos. Quien lo diría, ni caídas ni incendios les representaron tantos problemas como lo arcaico del sistema y su inútil triangulación. Julián fue uno de los que propicio grandes cambios en ese sentido. Empezó a trabajar como free lance y a entrar en contacto directo con los productores. Poco a poco fue depurando los contratos, consiguiendo una revaloración de su trabajo. Fueron años de ir a contracorriente tratando de cambiar los viejos métodos que al ir desapareciendo, también propiciaron que tuviera un mayor reconocimiento a nivel internacional y que en el extranjero comenzaran a confiar en lo que los stuns mexicanos podían hacer. Además el cine nacional comenzó a mostrar cierta recuperación, relegando por completo a aquellos productores irresponsables y ambiciosos, que luego de irse hundiendo en el mundo del videohome, terminaron por desaparecer merecidamente del panorama.

Claro que todo esto no hubiera llegado a buen término, si no fuera porque Julián respondió siempre con calidad y disciplina a las exigencias de las películas, incluyendo las mexicanas, que comenzaron a ser cada vez más. Fue un reto tras otro y un ir aprendiendo con cada una de ellas. Por mencionar un ejemplo, durante la filmación de Zapata, el director Alfonso Arau, dispuso que la muerte del protagonista fuera junto con su caballo, dentro de una fuente que Julián consideraba muy reducida. Al explicarle al realizador tal circunstancia, la respuesta fue sencilla, el que la escena se desarrollara de tal forma y en ese lugar, era algo imprescindible para el resultado de la película y literalmente le dijo -Además te trajimos para que resolvieras, no para que nos dijeras que no-. ¿Qué más se podía decir? Tardó seis semanas en prepararla, practicando una y otra vez con el caballo, fue cansado y complicado, pero la escena se hizo, e incluso fue una de las imágenes que se utilizaron para promocionar la película.

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Para Julián, como ya lo hemos mencionado, solo la inseguridad es una razón para detenerse. Esto se extiende no solo al cine, sino a la televisión, que aunque no es uno de sus medios favoritos para trabajar, ya que considera que ahí hay muy pocas exigencias y solo les interesa cubrir tiempo; por otro lado le dio una de las oportunidades más interesantes y creativas que ha tenido en los últimos años. Fue para una campaña comercial de una marca de cerveza. Ahí tuvo que armar una serie de secuencias de box, que hacían referencias a diversos géneros cinematográficos, desde la ciencia ficción, pasando por el cine policiaco, hasta llegar al western. Entre otras, hizo coreografías de gánsteres y pistoleros, que resolvían sus diferencias poniéndose los guantes. Una propuesta que además de ser un reto, le resultó muy divertida, y es que ese es el “extra” que hace tan especial el dedicarse a ser Stunt, la oportunidad de vivir las fantasías del cine, en sus propias palabras -El volver a ser como niños-.

Pero estar inmerso en esas fantasías conlleva a veces el vivirlas en carne propia, pues aunque nunca ha tenido alguna lesión grave, si ha tenido que soportar ciertas caídas y golpes. Un ejemplo de ello fue durante el rodaje de la primera gran producción de Robert Rodríguez, un realizador a quien Julian le reconoce como una de sus grandes virtudes, que trabaja de una forma muy audaz y sin el peso de los convencionalismos. Fue bajo sus órdenes que durante el tiroteo final de la cinta Desperado, él tuvo que lanzarse desde una azotea y caer sobre el toldo de un auto. Ahí no había truco, solo preparación, hubo que soportar el impacto, algo peligroso y doloroso, pero que no pasó del azotón, por que como el mismo dice, físicamente estaba listo y -El auto se arregló muy bien-. En eso basa gran parte de su filosofía de trabajo, en la preparación, es lo que en su momento le aconsejó a su hermano Baló, y lo que ahora les repite a sus hijos, Bernardo de 19 y Tony de 25 años, quienes por cierto, han decidido seguir sus pasos. El primero mientras termina sus estudios de comunicación, el segundo ya dedicado de tiempo completo a ser Stunt, desde que terminó la preparatoria –Ellos han crecido en los sets de cine viéndome hacer esto, y pues es lógico que sintieran la atracción por dedicarse a ser stunts- nos comenta con tranquilidad -Lo único que yo les pido es disciplina, entrenamiento y constancia. Que nunca subestimen las cosas solo porque se les facilite. Es precisamente por lo que saben y han visto, que deben ser aún más estrictos con su preparación- Sin duda, estamos hablando de la confirmación de una nueva dinastía de hombres de acción.

Pero además de guiar en la medida de lo posible a su hermano y sus hijos, también se ha dado tiempo de formar a nuevos stunts, y aunque tiene un lugar dedicado a entrenar a los interesados, no se trata de una escuela propiamente, ni está abierta al público en general. Es un rancho de su propiedad, ubicado en las afueras de la ciudad, en dónde en medio de un paisaje boscoso, tiene el espacio y las herramientas necesarias para prepararse junto con ciertas personas que considera tienen la disposición y la disciplina para poder enseñarles. Es ahí en dónde también construyen y se familiarizan con todos los artefactos que utilizan en su trabajo, los cuales se guardan en una enorme bodega. Igual pueden andar en moto y conducir autos, que aprender a montar a caballo o a sostener un arma. Tienen rampas, colchones y postes de dónde se pueden descolgar en arneses, practicar caídas y otras acrobacias. Julián y Balo, acuden a entrenar con regularidad, junto con el resto de los que integran el grupo, entre ellos hay una chica, su nombre, Nadia Paola Hernández.
Continua…

*Este texto originalmente se publicó en la revista Chilango

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Crítico de cine y analista de cómics. Ha sido editor en publicaciones como Cine Fantástico y Stage One. Ha colaborado en las revistas Chilango, Cine Premiere y Marvin, el periódico El Nuevo Mexicano, así como en programas para Telehit y Canal 22. Actualmente escribe en Revista Empire, Playboy y Time Out Mx, el sitio además de participar hablando de cine en Telehit. Es codirector de YouRockey en Web y YouTube.

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