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Diana

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dianaAntes de de que aquel Mercedes S-280 se estampara, la noche del 31 de agosto de 1997, en el túnel del Alma, y mucho antes de que cierta entidad bancaria empezara a cagarse en aquel casi-intraducible concepto catalán llamado ”seny”, Quim Monzó se vio obligado a defender, en un programa de televisión, a la injustamente masacrada monarquía. Afirmaba el escritor que, contrariamente a lo que pensaban los detractores, los miembros de las casas Reales esparcidas por todo el planeta compartían la abrumadora carga de un trabajo que no se acaba nunca. Hípica, esquí, obras de beneficencia, inauguraciones… y por si todo esto no fuera suficiente, ¡también tenían que hacer discursos en navidad! Una vez la audiencia hubo tomado conciencia del infierno que sufrían, día sí día también, los de sangre azul, pasó a definir lo que realmente implicaba ser rey, reina, príncipe, princesa o infanta en aquellos tiempos tan poco agradecidos.

Respecto a la película, sobra decir que es un telefilm al uso y un mal biopic. Los trazos con los que el montaje marca el ritmo de la cinta son bastante nefastos, con al menos una docena de escenas de transición (importantes pero sin relevancia) que podían haber sido perfectamente suprimidas. Que una escena sin relevancia esté, además, mal elegida y situada es muy mal síntoma. Quiere tener la trascendencia silenciosa que hay en las escenas de la gran The Queen (con Helen Mirren), pero no lo logrará en ningún momento porque no es consciente de sus propias limitaciones técnicas y artísticas.

La construcción de los personajes es errática y ridícula. En el caso de Diana hay rasgos (gruesos) de aquellas princesas atrapadas en una torre, atrapadas por el malvado dragón del protocolo y esperando ser rescatadass por el valeroso caballero musulmán. Pero también hay rasgos de las neurosis neoyorquinas de Sexo en Nueva York, en los que una mujer vale lo mismo que las horas que trabaje a la semana y los hombres que conquiste. Para el caso del médico sucede lo mismo pero al contrario. Interpretado por un correctísimo Naveen Andrews (Sayid en Perdidos). Ël es otra princesa atrapada que quiere casarse por amor y no por tierras y claro, ya tenemos un grave conflicto. Naomi Watts hace lo que puede por salvar un personaje que, cuando parece estar tomando forma, se retira a lloriquear los desamores a la cámara del piano y tocar unas piezas de Mozart. La mejor manera de ahogar las penas sin duda. Sabiendo que Watts es una buena actriz, podemos concluir que la dirección de actores ha sido tan lamentable como el montaje final. Andrews, en cambio, no consigue salvar su personaje, que estalla cuando le apetece y se difumina cuando no debe. No por culpa de interpretación, porque de ella se exige poco, sino porque al narrador/director no le importa lo más mínimo darle profundidad. La película se llama Diana, ¿para qué trabajar más al cirujano?

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Cine

Viernes espectacular de CMLL: Brillante exhibición del Toro Blanco

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Durante el 2018 Rush consolidó su carrera, sus destacadas incursiones en la MLW y otras empresas independientes de Estados Unidos le llevaron al camino de la internacionalización.

El contrato del “toro blanco” con la mítica ROH y los rumores de su llegada a la prometedora AEW (All Elite Wrestling) son la confirmación de que es uno de los mejores gladiadores mexicanos en por lo menos los últimos cinco años.

El explosivo mano a mano que protagonizó con Euforia, el cual encabezó la cartelera del pasado viernes espectacular del CMLL, demostró la empatía que posee con el público y su nivel de idolatría. La primera caída fue pareja, pero se resolvió con un chispazo del heredero de Bestia del ring, cuando atrapó al gigante lagunero y le conectó unas poderosas patadas en cascada que noquearon al rival y decretaron las tres de rigor.

A partir de la segunda, el Ingobernable mayor fue amo y señor de la batalla, incluso se dio el lujo de ser descalificado al arrancar la tapa de integrante de los guerreros.

En la tercera Euforia sacó la casta y vendió cara la derrota y le conectó una espectacular desnucadora al oponente desde la tercera cuerda, pero éste se levantó tras la segunda palmada.

Otro chispazo del gladiador jalisciense resolvió la batalla y aplicó al gigantón su poderoso tiger driver con sabor mexicano, Euforia quedó de cara a las lámparas y el Güero Noriega levantó el brazo de Rush.

Tras la excelente batalla, el respetable reconoció a ambos luchadores y arrojó monedas al cuadrilátero, lo cual cerró con broche de oro la impresionante demostración de poder de Rush. La rivalidad entre estos colosos luce interesante y de seguro a esta gesta deportiva le deparan otras batallas.

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