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Diamantino, cuento de amor.

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Parecería que al mundo le falta fantasía; parecería que le falta bastante amor y un poco de brillantez. Justo eso es lo que la película portuguesa de Gabriel Abrantes y Daniel Schmidt, Diamantino, trae a la cartelera el día de hoy.

La cinta que cautivó el Festival de Cannes, conquistando el premio a la Mejor película en la semana de la Crítica, cuenta la historia de Diamantino Matamourus- sublimemente retratado por el actor Carloto Cotta- un jugador de fútbol estrella de la selección portuguesa, considerado una proeza en su país y quien, al final del Mundial de Rusia, comete un catastrófico error.

Ingenuo y hasta infantil, el atleta es el sostén de su casa comandada por sus dos terroríficas hermanas gemelas quienes lo maltratan al extremo, al igual que a su padre.   Luego de la tragedia del mundial y sumido en la depresión, Diamantino tiene la idea de adoptar a un niño refugiado para entregarle su amor paternal, pero sus hermanas tienen preparado otro destino para él, el cual incluye pruebas genéticas y personajes tan escalofriantes como fantasiosos.

Así, Diamantino se convierte en un retrato de lo sublime, de una analogía que va de las obras de Miguel Ángel a un campo de fútbol, adornado con perros gigantes y atmósferas de color rosa que adentran al espectador en la mente del jugador en el que convive la alegría de jugar y la nostalgia, además de aquella voz interior narrando cada paso, igualmente de manera ingenua, infantil.

A través de este viaje, totalmente fantástico, que para muchos podría parecer una historia inverosímil, los directores y escritores otorgan la oportunidad de explorar la derrota, la tristeza, la pérdida y la ternura de un hombre; la relación estrecha con su padre y el poder justo de la paternidad, haciendo un recorrido a través de imágenes evocadoras.

Aquí el futurismo disfraza la inocencia y la crítica política se asoma a través de la ciencia ficción y el nacionalismo, haciendo un análisis de la sociedad, de la avaricia, de las conquistas y de las formas en las que vemos a los otros, incrustando factores de gran importancia como los medios masivos y la situación de los refugiados en el mundo.

Al final, Diamantino se vuelve una lección clásica donde hay buenos y malos, escapes y momentos de paz, momentos de reconocimiento de lo más simple, de lo que humanamente vale y sobre todo, del amor, encerrado en un cuento de amor de gran belleza.