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Cuando el superhombre vuelve a morir

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La frase “El hombre del Mañana” es sin duda uno de los agregados más adecuados que Supermán ha tenido en el nombre, y es que no solo fue una de las más populares representaciones de la idealización que el ser humano tenía de sí mismo a principios del siglo pasado, sino que se convirtió en el prototipo con los lineamientos que definieron el concepto del superhéroe en su sentido más puro, y sobre los cuales se mantendría con éxito durante décadas. Por desgracia la progresión no fue la más adecuada e hizo víctima de los excesos  a muchos de los personajes, incluyendo por supuesto a la creación de Jerry Siegel y Joe Shuster, cuyas habilidades extraordinarias fueron en aumento hasta alcanzar el absurdo y volverlo casi invencible, lo cual le sumergió en tramas cada vez más aburridas, con rivales que no tenían la menor oportunidad de meterle en verdaderos problemas y haciendo del anacronismo el gran enemigo. Así pues, ya para finales de los 80s el panorama era muy poco halagador, Marvel ya había tomado mucha ventaja en cuanto al rompimiento de los moldes, el estatus de DC solo se sostenía gracias al siempre rentable Hombre Murciélago, la imagen de boyscout del kriptoniano lucia anticuada y aunque oficialmente siempre trataron de negarlo, sus series venían a la baja en ventas. Era tiempo de tomar medidas realmente drásticas y lo hicieron. Las implicaciones de La muerte de Superman -publicada en – fueron muchas, pues además de ser un golpe infalible de mercado, el atrevimiento convulsionó el mundo de las viñetas, abriendo la puerta para que eventos antes impensables, alcanzaran a los superhéroes, como paso con la inconsistente La Caída del Murciélago -en donde Batman quedaba paralítico- y la no tan referida pero mucho más transgresora y conseguida, Crepúsculo Esmeralda, protagonizada por Green Lantern, en donde por primera vez, uno de los personajes más queridos, se convertía en un supervillano y eventualmente moría.

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Dada la importancia de La Muerte de Superman -obra de Dan Jurgens, Roger Stern, Louise Simonson, Jerry Ordway y Karl Kesel-, y que desde finales de los 90s, DC y Warner se habían consolidado como los impulsores de las mejores producciones animadas de superhéroes, era natural que apostaran por hacer una adaptación de la misma. Tomando como título el nombre de la bestial criatura que logra acabar con la vida del héroe de Metrópolis, mantuvo el depurado estilo propuesto por Bruce Timm, que retomaba el aire noir de las películas de Tim Burtonsobre el legendario vigilante de Ciudad Gótica; pero recurrió a ciertas libertades con respecto a la obra original que aportaron muy poco, terminando por ofrecer un pieza algo aticlimática y apenas decorosa.

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Tendrían que pasar más de diez años para que volvieran a intentarlo y afortunadamente con mejor suerte. Esta vez sin complicarse en modificar el título, llegó una nueva versión animada que teniendo al frente del proyecto a Jake Castorena y Sam Liu, se convirtió en un discreto pero efectivo y emotivo homenaje a la historia, rasgos  y trascendencia del que hace tanto tiempo iniciara este asunto de los sujetos con capas y trajes extravagantes. Desde la soledad de sus circunstancias como extranjero defendiendo un planeta al cual nunca pertenecerá por completo, pasando por lo que para él significa la posibilidad de amar, hasta la forma hoy poco creíble en que oculta su identidad secreta -de la que se permite reírse un poco-; todo se interpreta con la suficiente claridad, frescura y respeto, como para enganchar tanto a los fans más antiguos, como a las nuevas generaciones. Bueno, incluso se agradecen algunos cambios que hacen la dramática aventura más atractiva que en el cómic, como la aparición de la liga de la lija de la justicia con una de sus mejores alineaciones. Quizás el único pero sea la cautela del desarrollo que a veces raya en la simpleza, sin embargo es una muy disfrutable puesta al día del Último Hijo de Kripton, que de paso sirve para saldar la cuenta pendiente que se tenia con la que sin duda es una pieza clave de la historia de los cómics y que merecía ser revisitada con mayor acierto. Lástima que esto se desaprovecha en una secuela que no logra reproducir la expectativa que causaba la presentación de cada uno de los que reclamaban el manto del héroe caído, y que era uno de los electos  en su momento sostuvo a su contraparte en papel. Aún así, aunque la película El Reino de los Supermanes se pierde en los convencionalismos, es uno de esos casos en que puede rescatarse como un complemento para su predecesora, que por su parte si logra reavivar ese espíritu de entretenimiento comiquero que impulsaba a soñar y dejarse sorprender ante las aventuras de seres extraordinarios con aire a los clásicos, y que por supuesto deja un mejor sabor de boca que esa fallida versión incluida por Zack Snyder en su Batman v Superman.
texto originalmente publicado en Empire México 4F95B2DE-7B56-46EE-B6FE-671E37B6EC54

Crítico de cine y analista de cómics. Ha sido editor en publicaciones como Cine Fantástico y Stage One. Ha colaborado en las revistas Chilango, Cine Premiere y Marvin, el periódico El Nuevo Mexicano, así como en programas para Telehit y Canal 22. Actualmente escribe en Revista Empire, Playboy y Time Out Mx, el sitio además de participar hablando de cine en Telehit. Es codirector de YouRockey en Web y YouTube.