Cine

Mi amigo Enzo: Copiloto de vida

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«Ninguna carrera se gana en la primera vuelta»

Las cintas cursis tienen la facilidad de hacernos sentir incómodos antes que conmovidos con lo que ocurre en pantalla. Siempre nos preguntamos si de verdad los personajes no están en complicidad con la situación y finalmente todo les sale de maravilla, como insinuando que si no haces nada la vida será justa y es donde llegan historias como The Art of Raicing in the Rain (Mi amigo Enzo), un melodrama basado en la novela del mismo nombre de Garth Stein, dirigido por Simon Curtis quien tiene en su haber otras películas del estilo como Goodbye Christopher Robin (2017), Woman in Gold (2015) y My Week with Marilyn (2011), y que sabe perfectamente que partes enaltecer de una historia, el ritmo de las imágenes y tensar las situaciones para hacer sentir algo memorable al espectador.

Denny Swift (Milo Ventimiglia) es un piloto de carreras en ascenso que un día decide adoptar a Enzo, un golden retriever bautizado en honor de Ferrari, y desde ese momento se convierte en parte importante de su vida y el narrador principal de la etapa de su vida que habría de marcarlo por siempre.

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Por fuera la historia es de lo más sencilla, Denny se enamora de Eve (Amanda Seyfried) y forman una familia a costillas de caerle mal a sus suegros por ser un hippie sobre, los siguientes giros no son nada sorprendentes, de no ser por la narrativa tan especial del fiel Enzo (con la voz de Kevin Costner, claro)  que le da los matices a cada uno de los momentos de sus vidas como mudo testigo de una existencia que le importa más que la suya.

“Para quién crea sus propias condiciones, la lluvia es sólo lluvia”

A pesar de lo que se pudiera pensar, los amantes de los animales siempre sienten un primer impulso de rechazo ante películas donde figure un noble can en la portada (no pregunten porque no pasa eso con los gatos, simplemente no pasa), y es que el cine de horror de los 70, los dramas y la ficción de los 90 acompañadas de títulos como Marley & Me, Hachi: A Dog’s Tale, entre otras nos han vendido la idea de que esto no se acaba sin que haya tragedia. Pero Mi Amigo Enzo habla nos recuerda que la muerte es simplemente un paso para algo nuevo, hablando de manera espiritual.

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Al integrarse Enzo a la vida de Denny, abraza por completo la pasión de su amo por la velocidad y poco a poco va a decifrando que las pistas de carreras guardan secretos que pueden ser aplicados a la vida diaria, incluso analiza la existencia como un camino sobre el que no hay que despegar los ojos pare preveer el siguiente movimiento y salir airosos de cada obstáculo, el más importante temible es la lluvia, impredecible y tan poderosa que puede despegarnos del rumbo para siempre.

La película adapta muy bien la obra impresa, por lo que los monologos de Enzo son más que disfrutables y tienen una tónica sólida y reflexiva, además de que los perros utilizados para la filmación son muy inteligentes y fueron entrenados de una manera sobresaliente, lo que ayudó mucho a que se diera este efecto tan poco común, como ocurre en libros como “Te daba por muerto” de Pete Nelson, donde las mascotas a veces suelen ser un eje de reflexión tal, que se convierten en un ser diferente a través del libro, a veces en el reflejo más profundo de la psique de sus dueños y esto hace que el público quede más enamorado de la figura del animal y desde luego ocurre lo mismo con Enzo.

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El giro final es bastante inesperado porque alberga un what if existencialista con el se ha alucinado en más de una obra de ficción y de un tiempo para acá también en las historias más dramáticas que pudieramos encontrar en cartelera. Es altamente recomendable, divertida y les dejará también un truco más para poder enfrentarse a la vida como hacemos todos diariamente. Y si son fans de las mascotas no hay nada más que agregar, es para ustedes.