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CHEW, con sabor a Muerte

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Si algún referente fílmico hay que buscar para esta joya en papel, esa es la celebrada Delicatessen (1991) de Jean Pierre Jeunet, un retorcido e irónico relato, plagado de humor negro -con canibalismo incluido-, que se mofa y reflexiona sobre la naturaleza humana. Chew conjuga a la perfección, estas mismas características y trasfondo, presentando un universo enrarecido, en donde la gestual de los actores es sustituida por el estilo cartoon, y el dinamismo cinematográfico encuentra una réplica genial en un inquietante armado de viñetas, que atrapa al lector desde la primera página. La premisa -que raya deliciosamente en lo absurdo-, sigue los pasos de un policía que puede percibir – a través de impresiones psíquicas- el pasado inmediato de todo aquello que come, reclutado por una división especial dedicada a los crímenes relacionados con el tráfico de carne de pollo, cuya venta y consumo está prohibido debido a la gripe aviar. Destaca la propuesta visual -en base al contraste del blanco y negro, el sepia y los colores deslavados- que entrega ambientes recargados, ideales para sorprender con secuencias tan divertidas como espeluznantes. Sumamente escatológico -no se podía esperar menos con un protagonista capaz de mordisquear un cadáver para averiguar quién fue el asesino- y envolvente, este es un platillo de sabor agridulce, que una vez que se prueba, no se puede dejar. Escrito por John Lyman y con ilustraciones de Rob Guillory, Chew recibió en su momento el premio Eisner a mejor serie nueva. Kamite lo trae al mercado mexicano, en una estupenda edición que incluye textos complementarios.

Publicado por Jesús Chavarria (@jchavarria_cine)