Caniba: Mostrar poco para decir mucho

Cuando escuchamos el término ´´canibalismo´´ es inevitable no transportarnos al pasado a una época en la que reinaba el salvajismo, pero para sorpresa de todos la práctica que data de más 800 mil años entre los seres humanos,  hoy en día sigue vigente.

Por eso al ver la película Caniba (Francia, 2017), es casi imposible no recordar la teoría que tenía el antropólogo Claude Lévi-Strauss, en su compilación de ensayos titulado ´´Todos somos caníbales´´ (escritos entre 1989 y 2000 ) hace un estudio del canibalismo como fenómeno cultural, el cual dice:

El canibalismo puede ser alimentario (en período de penuria o por el gusto por la carne humana), político (como castigo de los criminales o como venganza contra los enemigos): mágico (para asimilar las virtudes de los difuntos o, por el contrario para alejar su alma); ritual (si está ligado a un culto religioso, a una fiesta de los muertos o de madurez, o para asegurar la prosperidad agrícola). Por último puede ser terapéutico como dan cuenta numerosas prescripciones de la medicina antigua y otras en la propia Europa, incluso en tiempos no tan remotos.

Dicho esto el 13 de junio de 1981, Issei Sagawa, entonces estudiante de 32 años en la Sorbona de París, fue arrestado tras ser sorprendido con valijas que contenían los restos de su compañera de clase, Renée Hartevelt. El caso se convirtió con el tiempo en uno de los crímenes más polémicos de los años 80 por varios factores: Sagawa asesinó y después comió partes de su víctima, se le declaró como una persona mentalmente inhabilitada para continuar con un proceso legal y tras dos años volvió a Japón. Desde entonces y hasta la fecha vive confinado en su casa compartiendo vida con su hermano, Jun.

Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel parten de esta macabra historia para retratar la vida de Issei Sagawa, que además de revelarse como un personaje complejo y oscuro, también aparece como alguien consciente de su crimen.

A veces los cineastas intentan asustar a los espectadores usando varios elementos pero caen en excesos y sólo logran saturar. Sin embargo lo que hacen los directores Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel, es increíble porque demuestran que a veces provoca más miedo lo que escuchas y no lo que observas. A través de su personaje principal Issei Sagawa exponen lo retorcidos y enfermos que podemos llegar a ser los seres humanos; la falta de empatía de Issei asusta, es difícil pensar que realmente existen personas así en el mundo.

El ritmo es muy lento, la cámara está casi todo el tiempo en el rostro del protagonista y de su hermano, mediante el uso de close up y extreme close up , generan mayor cercanía con los espectadores pero sobre todo incomodidad, porque podemos ver con más detalle los ojos , la boca y las expresiones que hace cuando dice como invitó a comer a una de sus compañeras y como le dispara en la cabeza para luego cortarla y comerla durante días…

La fotografía ayuda a crear una atmósfera tétrica, sombría, porque la imagen tiene ruido y eso provoca que la historia sea más dramática.

Ojo la cinta no es para todo el público contiene situaciones que podrían herir la susceptibilidad de algunos espectadores , pero si tienen oportunidad véanla en la Cineteca Nacional.

 

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