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Brightburn: Cuando los superhéroes se convierten en tu peor pesadilla

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Algo pasa con Brandon Breyer (Jackson A. Dunn), ha cumplido doce años y algo en su interior está cambiando. Una voz invade su cabeza por las noches con un mensaje que no puede descifrar. Lo tiene todo, una familia que lo ama, enormes hectáreas de campo para correr y jugar y una inteligencia privilegiada para su corta edad. Sin embargo, sus padres ocultan algo. Hay una fuerza extraña que llama al joven Breyer, tiene una misión para él, una misión donde no figura la raza humana como algo imprescindible.

Todo parece indicar que Brandon está creciendo, y que sus cambios de humor son parte de una nueva etapa en su existencia, sus padres, Tori (Elizabeth Banks) y Kyle (David Denman) están más que entusiasmados, hasta que abren el regalo de cumpleaños del tío Noah (Matt Jones) y encuentran aterrados un rifle de caza, Kyle se aterra ante el detalle y da por terminado el festejo pero Brandon se enfurece con su reacción y por primera vez le levanta la voz a su padre.

Brandon tiene una fuerza descomunal, nada lo puede herir, hasta la fecha nunca se ha enfermado o sangrado y lo mejor está por venir porque sus emociones comienzan a consumir y parece que ha comenzado a dejar de ser humano.


La película es una gran puesta en escena de un concepto ya antes explorado por la misma DC en su título “DC House of Horrors”, con el cuento corto “Bump in the Night”.

Brightburn es una idea con un corte interesante de horror que llega a ser muy atractivo, pero nunca logra la atmósfera de suspenso, a menos que por alguna razón te hayas pedido todo lo que ha sido el mundo de adaptaciones del canon de superhéroes (es decir, que deberías llevar como 10 años desconectado del mundo).

Aún así hay pocas personas dentro del nuevo público que pueden captar la antítesis de Superman diluida en esta película, porque además se nos ha vendido la idea a través de series y de las mismas películas, que Clark Kent no fue consciente ni responsable de su existencia sobrehumana hasta que ya era un adulto. Pero Brightburn explora la etapa donde cualquier ser humano puede llegar a perder el control, donde la línea entre el bien y el mal y el constante cuestionamiento de las figuras de autoridad está más latente: la adolescencia.

De hecho toda la cinta puede interpretarse como una metáfora de lo doloroso que es crecer, pero con un exceso de súper poderes y también contiene una crítica muy directa a la manera en la que se ejerce la paternidad en la actualidad.

En cuanto descubre Brandon Bryers que no es una persona común, su manera de pensar comienza a cambiar, sus prioridades se reescriben y su empatía desaparece por completo. No es como una Carrie que poco a poco va escalando hasta ser consciente de su naturaleza, en esta historia la escalada es inmediata y para alguien que ya conoce los alcances de este tipo de personajes no hay mayores sorpresas, pero hasta el último momento se busca el enfoque de una película que inspire miedo por esta peculiar “invasión extraterrestre”.

La cinta no va más allá, como ya se ha hecho común, había una idea en la mesa, se echó mano de experimentar con una narrativa nueva dentro del género y el guión no da para más.

Brightburn la recomiendo ampliamente para los fans del horror porque creo que es una película que puede invitar a más creativos a explorar otras facetas innovadoras dentro del ahora llamado “género de superhéroes”. Y no olviden checar otras grandes piezas complementarias a esta distopía como Chronicle (Josh Trank, 2012), Sleight (JD Dillard, 2016) y desde luego la magnífica Mystery Men (Kinka Usher, 1999), que fue de una de las críticas a las figuras em spandex adelantada a su tiempo.