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Annie

De todos los géneros cinematográficos, creo que el musical es el más complicado de abordar. Sí, se puede hacer por relativamente poco dinero y no implica grandes gastos a nivel tecnológico. Pero una película bélica, o una cinta de superhéroes o criaturas gigantescas, se puede solucionar en la postproducción. Con los musicales hay que tener, como poco, algo de idea de lo que se está filmando y además hay que controlar muy bien el ritmo de las secuencias y la forma en la que la coreografía encaja con la letra de las canciones, entre otras cosas. Después de ver «Annie» todo lo anterior asalta mi mente porque quizá sea el peor musical que haya visto en años, un desastre perpetrado por el incompetente de Will Gluck, que es incapaz de mostrar un solo momento verdaderamente rítmico o ‘musical’ en el que se sienta que la música fluye con naturalidad. El montaje es malísimo en los momentos cantados, habiendo cortes cada cinco segundos, añadiendo primeros planos, o planos generales de la ciudad (?), o contraplanos con caras de asombro para que veamos de forma directa -y arbitraria- el impacto que la letra está teniendo en los personajes hacia los que va dirigida.

Tiene mérito haberse cargado así un material sólido, a todas luces, pues aunque no considero una gran película la «Annie» de John Huston y no conozco el musical de Broadway, en el primer caso es un film que encaja perfectamente como cine musical: secuencias con coreografías y momentos bien ejecutados, con ritmo, cierto sentido, y unas letras aplicadas a un contexto y lugar que funcionan. El «Tomorrow» de la Annie de 1982 explicita el deseo de esa niña de un futuro mejor. En la Annie de Will Gluck, el «Tomorrow» sólo reitera el drama mal ejecutado de la niña protagonista, por cierto de una de las formas más pobres que recuerdo. Vistas en paralelo (yo las visioné el mismo día, por aquello de comparar) se entiende que una sea mala y otra, sin ser buena, al menos sea aceptable y tenga algún momento interesante. Mención al margen merece el casting de esta nueva Annie, con unos niveles de infamia en los que Cameron Diaz brilla como la más hostiable del pack, interpretando a una cuidadora de niños que bien podría ser (y al menos esto es consciente, un personaje lo evidencia en el film) una mujer de la calle. Lo peor es cómo su interpretación está completamente condicionada por dirigirse hacia niños, sobreactuando hasta límites difíciles de soportar.

Lo mismo se puede decir del resto del reparto, que está ahí para reirle las gracias a Quvenzhane Wallis (que va a durar en el cine dos telediarios, por cierto) o para ponerle cara de lástima. Realización pobre, pero pobre de verdad, unas interpretaciones de ver y no creer y lo peor de todo, un guión que se pasa de obvio y que hace que los personajes cambien de motivaciones por motivos azarosos, sin absolutamente ningún trabajo de desarrollo (en el film de 1982 la cosa está infinitamente mejor narrada). Por no hablar del mensaje, claro… que en esta nueva versión es ciertamente peligroso. Lo único que se puede decir a favor del film es que las canciones no son malas, pero claro, son -salvo en tres casos- las mismas que antaño. Y las nuevas, escritas por Sia, personalmente me gustan («Opportunity», «Who Am I?») porque soy muy blandito pero sus letras son bastante obvias, así que tampoco es que sean piezas extraordinarias. Cada punto otorgado a la valoración final va dedicado pues a cada una de las canciones que me gustan. Un generoso tres para una de las peores películas de 2014. Al menos, una de las peores salidas de un gran estudio.

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