Connect with us

Amor a Medianoche es un irritante melodrama con más melosidad de la que necesita

Published

on

Hay una delgada línea entre una película romántica que agrade tanto a jóvenes como adultos y otra que sólo se limite a las niñas de 12 años. Pues Amor a Medianoche (Midnight Sun) cae categóricamente en esta segunda clasificación. Scott Speer, experimentado director de videoclips conocido por trabajar con personalidades como Belinda y Ashley Tisdale, dirige este drama romántico basado en una película japonesa del 2006.

Aquella cinta nipona de hace más de una década era más un ejercicio publicitario para la cantante Yui, quien era la protagonista e interpretaba sus propias canciones. En este remake el personaje principal recae en Bella Thorne, mientras que el protagónico masculino en Patrick Schwarzenegger (sí, el hijo de ese famoso actor que fuera gobernador de California).

Amor a Medianoche sigue la historia de Katie (Thorne), una adolescente de 17 años diagnosticada con Xerodermia Pigmentosa, una extraña enfermedad que hace la piel sumamente sensible a la luz ultravioleta, provocando altas posibilidades de desarrollar cáncer si la persona se expone al sol. En consecuencia, la vida de Katie ha transcurrido desde la ventana de su habitación, durmiendo en el día y estudiando o tocando la guitarra por la noche. El atestiguamiento de observar la vida cotidiana que sucede enfrente de su casa la ha llevado a enamorarse de Charlie (Schwarzenegger), un joven que pasa todos los días por su calle para ir al escuela.

Katie acostumbra tocar la guitarra en la estación de trenes donde ya es bien conocida, una noche Charlie la encuentra y  -¿adivine qué pasa?- se enamora. Lo que sigue son una sucesión de citas nocturnas, en las cuales ella oculta su enfermedad para sentirse como una chica “normal”. Sabemos que en algún punto el buen Charlie lo descubrirá y se armará, por alguna razón, el pleito. Básicamente, es la historia de una Cenicienta moderna que tiene que llegar a casa antes del amanecer o de lo contrario su bello y saludable rostro padecerá cáncer.

A diferencia de la versión japonesa, este remake se excede en la melosidad. La original Amor a Medianoche era mucho más solemne y efectiva, para empezar los personajes eran más humanos. Yui no era representada como la pobre chica victimizada: tenía una familia funcional que la ayudaba, salía todas las noches a pasear por la ciudad con su guitarra, y su mejor amiga era su prima. En el caso del personaje de Thorne: su madre murió cuando era una niña, vive encerrada porque su hora de llegada es a las 12 (¡por dios, la chica sólo vive de noche!) y su mejor amiga simplemente es su mejor amiga porque sí.

El resto de los personajes son un estereotipo de la perfección. Tenemos al padre (interpretado por Rob Riggle), bonachón y sobreprotector pero amoroso y comprensivo a la vez. Charlie por su parte es el chico popular, talentoso, deportista, el guapo que trae locas a todas, el que a todos conoce y todos lo conocen, pero en el fondo es el chico sensible que sólo quiere ser una mejor persona. Todo lo contrario al coprotagonista de la versión original, quien era un muchacho torpe e inmaduro que sólo se preocupaba por pasársela bien con sus amigos.

La simpleza de los personajes secundarios los hace absolutamente intrascendentes. La mejor amiga no tiene un verdadero arco narrativo (en la original, por lo menos le ayuda a Yui grabando al chico que le gusta), los amigos de la mejor amiga y de Charlie aparecen nada más como para saber que existen, a pesar que les dan una personalidad propia nunca van más allá que una excusa argumental. De igual manera, el largometraje de Speer utiliza el recurso más mediocre del cine romántico: el amor a primera vista. Lejos se queda de aquel divertido primer encuentro de la pareja en la versión nipona, donde hace de las nulas habilidades sociales de la protagonista un gag. Aquí tropieza una y otra vez en los mismo sitios comunes del cine estadounidense más genérico.

Amor a Medianoche  termina por ser un espectáculo melodramático que desborda una dulzura irritante y se aleja de la verdad de una enfermedad mortal y deformativa. La película japonesa tampoco era una maravilla, pero, por lo menos, manejaba de manera más realista el proceso del romance para estructurar una tragicomedy que interese a los jóvenes que sólo buscan una historia de amor sencilla.

Advertisement
Comments

Cine

Guillermo Del Toro se va a la animación con Pinocho

Publicado

on

El director Guillermo Del Toro estará como director en el próximo musical stop-motion de Pinocho, el cual tendrá la colaboración total de Netflix y será el primer proyecto animado como director de Del Toro.

La película se espera comenzar producción en Canadá en invierno, dejando en claro que Del Toro quiere perseguir la animación, antes de volver a hacer algo parecido a La Forma del Agua. 

¿Qué opinan?

Continúa leyendo