Criticas Cine

Amante Fiel, el estilo amoroso de Garrel

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Segunda película como director del actor Louis Garrel mundialmente conocido por su papel en Los Soñadores (2003) de Bernardo Bertolucci. Amante Fiel es ese tipo de cinta que transpira francés a montones. Calles parisinas, líos amorosos y, sobre todo, un estilo que rememora al cine francés de la Nouvelle Vague acerca de los conflictos sentimentales de un hombre tremendamente guapo (Louis Garrel, ¿Quién más?). Perfecta para verse en una tarde lluviosa con un espresso y una baguette.

Abel (Garrel) es un tranquilo joven periodista quien vive con su novia Marianne (Laetitia Casta, esposa de Garrel). Un buen día, mientras Abel se alista para el trabajo, su novia lo detiene. Le informa que está embarazada, pero no de él, el hijo que espera es de su amigo Paul con quien se va a casar el 26, “¿De este mes?”, cuestiona Abel. “Sí, y sería bueno si te mudaras antes”, responde Marianne.

A pesar de tremenda confesión, Abel se lo toma bastante tranquilo, pero eso sí, con el corazón roto. No hay más remedio que mudarse y hacer su vida por otro lado durante casi una década, hasta que se entera que Paul murió. En el funeral se reencuentra con Marianne y conoce a Joseph (Joseph Engel), el hijo en cuestión de Marianne, un peculiar niño fanático del misterio que le dice a Abel que su madre envenenó a su padre y el doctor de la familia encubrió todo porque es amante de ella. Algo que siembra dudas en Abel, cuyo objetivo es recuperar a su viejo amor y en el proceso investigar dicha teoría.

Ese no es el único problema de nuestro protagonista, en el funeral también se reencontró con Eve (Lily-Rose Depp), la hermana menor de Paul, una joven chica enamorada de él desde la infancia y quien ahora, tras su mayoría de edad, ve una oportunidad para conquistar a su eterno crush. Garrel nos plantea todo a manera de un drama con toques de comedia donde la moral está en el centro.

Abel se tambalea entre la infiel y probablemente asesina Marianne, y la obsesiva y acosadora Eve. En pocas palabras, los tres personajes toman una muerte como una oportunidad, sin importar lo que esa persona significó para ellos –me refiero, claro, al personaje nuca visto a cuadro Paul, quien es el mero Mcguffin del experimentado guionista Jean-Claude Carriere-, en una serie de acciones demás egoístas que aunadas a la gran interpretación de los actores principales nos otorgan un particular interés en los personajes.

El problema es que después de eso pareciese que Garrel ya no tiene más qué ofrecer. El homenaje y nostalgia hacia la Nouvelle Vague y la París de hace unos 50 años con sus personajes bohemios se siente en cada imagen de la película, pero también se siente algo trillado. La habilidad de Garrel como actor y ahora como director es indudable, el reto ahora es que Garrel encuentre su propio enfoque como creador.