Hay un sub género en el cine mexicano que nunca falla en audiencia, que es relativamente redituable en comparación a las producciones estadounidenses: la comedia romántica. A ti te Quería Encontrar, dirigida por el ingeniero convertido a cineasta Javier Colinas –director de El Cumple de la Abuela (2016), Detrás del Poder (2014), entre otras-, y quien hace su primera incursión en una producción de mayor presupuesto y protagonizada por el galán de cine y telenovelas Erick Elías, y la actriz de la popular serie Sense8,Eréndira Ibarra.

La historia es sencilla. Diego (Erick Elías) es un arquitecto de un nivel socio económico acomodado que está a punto de casarse con quien en apariencia es su pareja ideal, Julia (Paulette Hernández), una estudiante de cocina molecular (¡wtf!). Un buen día, Genaro (Luis Arrieta) sonsaca a su amigo, el responsable y tranquilo Diego, para organizar su despedida de soltero. Dicha fiesta, que tiene lugar en la terraza un algún hotel ubicado en el Centro de la Cd. de México, se sale de control provocando varios daños a las instalaciones.

Con el objetivo de remendar su error, Diego se dispone a remodelar el hotel, sin embargo, para ello tiene que lidiar con la –hasta ese momento- inaccesible y osca gerente, Lu (Eréndira Ibarra). Por razones en un principio profesionales, Lu y Diego empiezan a frecuentarse en diferentes puntos reconocibles de la ciudad para “facilitar” las cosas, mientras la prometida Julia está en Nueva York tomando su curso de Cocina Molecular (¡wtf x2!).

Lo que sucede después resulta obvio: el junior arquitecto y la modesta gerente empiezan a simpatizarse más de lo debido al punto que Diego ya replantea su futura boda. Algo que por supuesto le oculta a la pobrecita ilusionada de Lu. El protagonista se encuentra en este dilema entre una vida relativamente estable dentro de su zona de confort y el amor que le provoca la ¿impredecible? y diferente relación con Lu.

A ti te Quería Encontrar no es nada que no hayamos visto antes. Retoma los típicos gags, arquetipos y situaciones del subgénero tan utilizado en el cine mexicano comercial, intentando ser una especie de La Boda de mi Mejor Amigo(P.J. Hogan, 1997) vista desde la perspectiva del novio y en la cual, a diferencia de aquella gran película protagonizada por Julia Roberts, aquí los protagonistas sí terminan escogiendo la decisión moralmente incorrecta. ¡Vamos!, la cinta nunca sale de los terrenos genéricos del cine romántico, desde que leemos la sinopsis sabemos el final.

El problema es que no nos creemos nada. El personaje de Elías cancela su compromiso con Julia justo el día de su boda para irse a China con Lu, bajo la barata justificación que nos intenta vender la historia de “salir de la zona de confort e intentar cosas nuevas”. Lo cierto es que, si lo vemos con objetividad, el protagonista engaña a su prometida (quien ni siquiera es presentada como una mala persona, de hecho nunca se llega a consumar el coqueteo de su maestro de cocina, resulta que es la chica fiel y enamorada) y le oculta a su “amante” su compromiso. Dejándonos llevar por la ilusión del cine romántico, no está mal echar todo atrás por haber encontrado el amor inesperadamente, pero si el tipo a fin de cuentas hizo lo necesario para ser visto como un gandalla, ¿por qué empeñarse en retratarlo como el buen muchacho con un conflicto emocional? ¿no hubiera sido más interesante encontrar ciertos matices?.

Si la película de Hogan sobresale es porque la situación moralmente incorrecta no se sale con la suya, desembocando en un gran e impredecible final, el cual incluso se siente feliz. Mientras que en la cinta de Colinas, con guion de Tamara Argamasilla, la situación del mismo la misma clase sí prospera y se enmascara bajo lo correcto y justificable. A ti te Quería Encontrar tiene sus momentos, sobretodo gracias al carisma de Concepción Márquez quien interpreta a la irreverente abuela de Diego. Pero, en general, lo más que podemos empatizar con los personajes se debe a una condición aspiracional y a las casuales citas en lugares donde seguro se nos cruzará por la cabeza un “ay, yo he estado ahí”.

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