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12 Horas para Sobrevivir: El Inicio, una precuela con comentarios sociales desperdiciados

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La cuarta película y precuela de la serie fílmica de The Purge intenta dar un mayor contexto a lo que parece un universo explorable, sin embargo, desperdiciando temas que podrían llevar a un trasfondo mayor

Imagine una película que mezcla Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000), The Raid (Gareth Evans, 2011) y The Wire (David Simon y Ed Burns, 2002-2008), pero sin los comentarios y dilemas morales de la primera, ni la espectacular violencia de la segunda y tampoco la crítica social y política de la última. ¿Qué nos queda?, una genérica cinta de terror-acción cuyo único objetivo es extender la franquicia.

Desde la primera entrega, La Noche de la expiación (James DeMarco, 2013), se plantea una interesante premisa: En un futuro cercano la delincuencia se ha reducido al 1% gracias al evento anual donde durante 12 horas es legal cualquier tipo de crimen. La cuarta película y precuela de la serie fílmica de The Purge intenta dar un mayor contexto a lo que, en apariencia, parece un universo explorable. Como indica el título, ya sea el original en inglés (The Firs Purge) o el seleccionado para el idioma español (12 horas para sobrevivir: El Inicio), estamos ante las razones y el eventual experimento social de “purgar” una ciudad en una noche.

Hay un nuevo partido en el poder, los Nuevos Padres de la Patria (NFF, por sus siglas en inglés), el cual ha desarrollado junto a la científica social la Dra. Updale (Marisa Tomei) un plan donde ofrece 5mil dólares a los ciudadanos de los barrios bajos de Staten Island, en Nueva York, a cambio de quedarse en la ciudad durante el “evento”, más un bono si participan usan lentes de contacto que graban todo lo que el portador ve. Como todo hay quien está a favor y en contra, ahí es donde entran nuestros protagonistas: Nya (Lex Scott Davis), una joven afroamericana que se manifiesta en contra del experimento, su hermano Isaiah (Jovian Wade), un adolescente que intenta salir adelante a base de vender drogas, y Dimitri (Y’lan Noel), ex novio de Nya y principal gangster del vecindario.

Irónicamente a Dimitri, que vive de lo ilegal, le parece un absurdo el derecho de matar y robar nomás porque sí, además que afecta su negocio. Mientras que a Isaiah le parece una buena oportunidad para vengarse de todos esos malandrillos que lo amenazan, el caso del demencial Skeletor. Existe una fricción entre Dimitri y Nya, quien le reprocha al líder mafiosos ser una de las causas que corrompen y destruyen a la comunidad. Una comunidad llena de carencias, bajos recursos y altos índices de violencia, las cuales representan las características ideales para escoger a Staten Island como “chivo expiatorio”.

Dado los temas raciales que toca y los tiempos políticamente correctos de la actualidad, los -llamémosle- “buenos” son ese trío de personajes afroamericanos quienes por distintas razones no sólo intentan sobrevivir, sino también defender a los habitantes vulnerables de la comunidad. Mientras que los corruptos sin moral son los políticos que amañan el experimento contratando a asesinos a sueldo en caso de que la población no reaccione como esperan.

La mayor problemática de la película es que plantea comentarios sociales con relevancia actual que a fin de cuentas quedan como meras anécdotas, minimizando los tópicos que podrían conformar una alegoría social. La posible crítica política se queda sólo ahí, como un mero pretexto y desperdiciando temas que podrían llevar a un trasfondo mayor. Sí, es agradable ver la venganza de los justicieros afroamericanos contra mercenarios vestidos con atuendos como los del Ku Klux Klan, pero los motivos para llegar a eso son por demás desechables.

Es la primera cinta de la franquicia que cambia de director, James De Monaco cedió la silla a Gerard McMurray, quizá tomando en cuenta los tópicos raciales de su guion. McMurray se aleja del terror que ha distinguido a la franquicia, filmando una película más de acción. Si bien, no falta la violencia y la sangre salpicando a borbotones, las secuencias de acción no son nada espectaculares. No se aprovecha el aislamiento en el último tercio del filme que se desarrolla en un edificio como pasa en The Raid.

No aporta nada nuevo ni siquiera a la propia franquicia, todo resulta predecible, poco emocionante y vacío.

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Halloween, la vuelta a lo esencial

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Cuarenta años después del estreno de la mítica Halloween (Carpenter, 1978), la cual marcaría un boom en las películas slasher de los 80, Laurie Strode(Jamie Lee Curtis) y el asesino Michael Myers regresan (por segunda vez) con un enfoque similar a la cinta que conmemoraba veinte años del inicio de la franquicia, Halloween H20: 20 years later (Miner, 1998)y es que la undécima película de Myers, al igual que aquella producción de finales de los noventa, omite las secuelas intermedias –H20 retoma los sucesos de Halloween 2 (Rosenthal, 1981) prescindiendo de la 3, 4, 5 y 6- y se presenta como una continuación directa de la película de John Carpenter , dejando (casi) en el olvido las nueve películas anteriores (Myers y Strode ya no son hermanos), convirtiéndose de esta manera en una mezcla de secuela y reebot.

Claro, hay que mencionar que a tantos años del filme original no sabemos qué tanto más se le pueda agregar, innovar, renovar o lo que sea al subgénero slasher. Por un lado aquella historia setentera era una revelación, pero también una película tan sencilla como efectiva (la complejidad de la sencillez, le llamarían algunos) que en su esencia trata de la lucha entre una victima y su victimario, Laurie Strode y Michael Myers, esa es la idea central y es precisamente a lo que el director David Gordon Green y los guionistas Danny McBride y Jeff Fradley vuelven de la manera más adecuada que podrían hacerlo: siendo visceral y con suspenso al por mayor.

Por lo tanto podemos decir en términos diegéticos que la historia se repite. Myers (Nick Castle) ha pasado cuarenta años encerrado en un psiquiátrico y aún sin mencionar una palabra, mientras que Laurie (Jamie Lee Curtis) ha pasado ese tiempo lidiando con el recuerdo de aquella brutal Noche de Brujas de 1978 en Haddonfield, Illinois, que la ha convertido en una paranoica pero mortal mujer con sed de venganza. Ella se ha sometido a un extenso entrenamiento en armas de fuego y ha transformado su casa en una fortaleza. Esta actitud le trajo consecuencias, como vivir aislada, amargada, cobrando por entrevistas, y alejada de su hija Karen (Judy Greer) y su nieta Allison (Andi Matichak). Un buen día, Michael escapa tras un fallido intento de traslado y la cacería empieza otra vez.

Pese a que la premisa es la misma, no estamos ante un descarado remake para encender de nuevo la maquinaria de dorales. McBride y Green incorporan cierto drama familiar derivado del suceso original, cuyo impacto principal fue el desarrollo de un trauma en Laurie que afectó también a las generaciones posteriores: Karen no ve con buenos ojos a su madre debido a la dura y severa infancia que sufrió, lo cual desembocó en que trabajadores sociales la alejaran de su madre. El director y compañía, simplemente, ponen en otro contexto la base argumental de la historia con un Myers dispuesto a terminar el trabajo y con una Laurie esperándolo, aunque la usual batalla del clímax final, tan característica en la franquicia, es más equilibrada.

Uno de los puntos clave y más desconcertantes del concepto, en su momento fue el misticismo y desconocimiento de las motivaciones de Myers. Gordon Green regresa a esto entregándonos de nueva cuenta al asesino como la personificación de la maldad e incluso, de cierta manera, se mofa de todas las secuelas que intentaban encontrarle una razón al psicópata asesino (y fracasaron rotundamente) con el brutal desenlace de un personaje que intenta obsesivamente entender la mente de Michael.

Como se mencionó antes, en cuestión de canon Halloween (2018) no toma elementos de las nueve cintas anteriores, pero sí tiene referencias para el fan service: Myers mata a una señora en su cocina con el cuchillo que ésta utilizaba para preparar comida, como sucedió en Halloween 2, o al nuevo psiquiatra de Michael, el Dr. Ranbir Sartain (Haluk Bilginer), se le llama “el nuevo Loomis”. Este tipo de momentos que nos encontramos durante toda la cinta dejaran satisfechos a los fieles seguidores de la franquicia.

En definitiva, Halloween (2018) es un satisfactorio regreso a la esencia de John Carpenter. No muestra nada nuevo, pero ¿qué más da? Se entrega, no de forma complaciente sino bien ejecutada, lo que los fans esperan: Una violenta historia de terror y suspenso con Michael Myers asesinando a quienes esperamos sean asesinados y a Jamie Lee Curtis regresando algún madrazo en compensación por la vida de paranoia y resentimiento que ha llevado, mientras el icónico tema de Carpenter suena de fondo… So fucking beautiful!

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